- Tú eres más peligrosa de lo que lo será nunca mi adicción. Que ya es decir... No te acerques a Rita. No te acerques a mí.
- ¿O qué?
- O verás al monstruo.
Dexter
Este no es un post para personas sensibles. El que avisa no es traidor.
Hola, me llamo Biónica y tengo un problema.
El otro día, leyendo aleatoriamente este blog, curioseé en uno de los enlaces y me encontré con una página llamada "Stop picking on me!". Aunque venía leyendo de la temática del acné y estaba totalmente ajena a lo que me iba a encontrar, le di al link con curiosidad -los caminos del Internet son inescrutables-.
Compulsive-Self Injurious Picking. PICK AT CUTICLES.
Espera... ¿pick at cuticles?, vamos a preguntar a Wikipedia que todo lo sabe. Compulsive-Self Injurious Picking... ¿y cómo es en español? Ajá... dermatilomanía.
Dr. Google podía haber sido peor.
Podía haberme diagnosticado que me quedaban dos horas.
Sigo leyendo en Stop picking on me! con renovado interés. Al parecer los tarados no somos únicos.
Me siento aludida cuando dice que este libro es para aquellos que cruzan la línea de la normalidad y se despellejan la piel para, seguidamente, buscar otro trozo. Para los que tiramos de nuestras cutículas hasta que sangran.
Es un círculo vicioso.
En el capítulo que habla de romper este círculo dice que este problema es más que la suma de todas sus partes: (cito a partir de ahora) es más que un hábito de autolesión, más que un desorden obsesivo-compulsivo, más que una respuesta a abuso físico en la infancia u otros sucesos traumáticos, más que el resultado de ansiedad, miedo, autocrítica, más que el deseo de controlar el propio destino. Las heridas autoinfligidas de cualquier tipo son una especie de tabú social y llevan una gran carga de autoculpa que a veces lleva toda una vida superar.
Al leerlo se me calienta un poco la cara. Vergüenza. Como cuando a veces no consigo esconder rápidamente las manos y quedo expuesta al comentario general -¿por qué lo haces?-. También, de manera incomprensible siento pena.
Yo pensaba que sólo era una manía.
Pero sabía que no. Sigo leyendo.
El "habitual picker" (a partir de ahora, el despellejador) es a la vez Víctima y Agresor, porque es la víctima de su propio comportamiento agresivamente destructivo.
Glups.
Lo siguiente es una serie de textos sobre las capas que contiene la piel. Lo que cabe en un centímetro cuadrado de piel. Lo que tarda en regenerarse. La melanina es la capa más basal: hace mucho tiempo que no tengo color en los dedos pulgares y debería, soy bastante morena...
Tengo que dejar curar mi piel. Pobre ...-como dice el libro, estoy empatizando con ella-.
Cito del inglés: Todos desarrollamos formas de superar el distrés emocional. Tú has elegido una forma más notable para la gente que te rodea. A menudo he sentido en retrospectiva, que cada vez que me escarbaba la cara era un intento de hacer que todos conocieran mi gran dolor emocional. Escarbar, despellejar es en gran medida una petición de ayuda. Y es una petición dramática.
Cuando eliges despellejar es, en última instancia una elección. Puedes elegir entre buscar ayuda y parar o empeorarlo.
Trago saliva. Menuda bronca.
Nunca me he considerado una víctima en el sentido más común de la palabra. Aunque algunas veces en mi vida permití ser victimizada en áreas latentes, realmente pienso en mí como una persona asertiva que siempre ha trabajado para dar lo mejor posible de sí misma. La mayoría de la gente que entrevisté para este libro eran de la misma naturaleza. Mi conclusión es que los despellejadores habituales a menudo son personas que logran más de lo esperado.
Pausa. Vuelvo a tragar saliva.
Algunas de las cuestiones más básicas para los despellejadores de la piel son el control y la confianza: una necesidad de ejercer el control sobre nuestro cuerpo y ausencia de confianza en la habilidad propia para curarse.
Lo de despellejar los dedos pulgares -con especial preferencia por el derecho- no es algo que llevo toda la vida. Automáticamente comprendí muchas cosas después de leer la página web.
Y me he dado cuenta que aparte de la vergüenza que me da el aspecto de mis dedos, cuentan más cosas de las que deberían. Y que cada vez que he dicho que no sabía por qué lo hacía, no era verdad. No lo comprendía del todo*.
Así que he tomado una decisión. Los enseño y los expongo. Y tomo el compromiso de dejar este feo hábito. Es el mismo hábito que he llevado desde los 6-7 años, sólo que ha cambiado de caras. Al principio era la necesidad de vomitar (que abandoné por ser demasiado cantosa), después rascar el cuero cabelludo -preferentemente estudiando- hasta hacerme sangre (que abandoné porque con una hermana peluquera también era demasiado cantoso), hasta finalmente se ha recrudecido tomando como sparring el pulgar derecho. Creo que debería ponerle nombre y todo.
Ha perdido color, y también sensibilidad. La avería llega casi -sin el casi- hasta la huella dactilar y está encallecido de tanto trabajar para curarse -vas a ver qué risa la renovación del DNI el año que viene...-. Aún así el pobre no me ha quitado ni un ápice de destreza todavía. Hasta que me mande a la mierda, claro.
Bueno, tápense los ojos si son muy sensibles. Espero que la próxima vez esté curado**.
* de esto igual puede que salga otro post. Pero básicamente es, que después de unos momentos de reflexión me di cuenta de que siempre se ha esperado de mí que lo haga igual que los demás.
**he probado de todo tipo de cremas, pero claro, requieren paciencia, y no viene en el tubo.











