martes, 21 de mayo de 2013

Despellejes anónimos

- Tú eres más peligrosa de lo que lo será nunca mi adicción. Que ya es decir... No te acerques a Rita. No te acerques a mí.
- ¿O qué?
- O verás al monstruo.  



Dexter

Este no es un post para personas sensibles. El que avisa no es traidor.

Hola, me llamo Biónica y tengo un problema.

El otro día, leyendo aleatoriamente este blog, curioseé en uno de los enlaces y me encontré con una página llamada "Stop picking on me!". Aunque venía leyendo de la temática del acné y estaba totalmente ajena a lo que me iba a encontrar, le di al link con curiosidad -los caminos del Internet son inescrutables-.
Compulsive-Self Injurious Picking. PICK AT CUTICLES.
Espera... ¿pick at cuticles?, vamos a preguntar a Wikipedia que todo lo sabe. Compulsive-Self Injurious Picking... ¿y cómo es en español? Ajá... dermatilomanía.
Dr. Google podía haber sido peor.
Podía haberme diagnosticado que me quedaban dos horas.
Sigo leyendo en Stop picking on me! con renovado interés. Al parecer los tarados no somos únicos.


Me siento aludida cuando dice que este libro es para aquellos que cruzan la línea de la normalidad y se despellejan la piel para, seguidamente, buscar otro trozo. Para los que tiramos de nuestras cutículas hasta que sangran.
Es un círculo vicioso.

En el capítulo que habla de romper este círculo dice que este problema es más que la suma de todas sus partes: (cito a partir de ahora) es más que un hábito de autolesión, más que un desorden obsesivo-compulsivo, más que una respuesta a abuso físico en la infancia u otros sucesos traumáticos, más que el resultado de ansiedad, miedo, autocrítica, más que el deseo de controlar el propio destino. Las heridas autoinfligidas de cualquier tipo son una especie de tabú social y llevan una gran carga de autoculpa que a veces lleva toda una vida superar.

Al leerlo se me calienta un poco la cara. Vergüenza. Como cuando a veces no consigo esconder rápidamente las manos y quedo expuesta al comentario general -¿por qué lo haces?-. También, de manera incomprensible siento pena.
Yo pensaba que sólo era una manía.
 
Pero sabía que no. Sigo leyendo.
El "habitual picker" (a partir de ahora, el despellejador) es a la vez Víctima y Agresor, porque es la víctima de su propio comportamiento agresivamente destructivo. 

Glups.

Lo siguiente es una serie de textos sobre las capas que contiene la piel. Lo que cabe en un centímetro cuadrado de piel. Lo que tarda en regenerarse. La melanina es la capa más basal: hace mucho tiempo que no tengo color en los dedos pulgares y debería, soy bastante morena...

Tengo que dejar curar mi piel. Pobre ...-como dice el libro, estoy empatizando con ella-.

Cito del inglés: Todos desarrollamos formas de superar el distrés emocional. Tú has elegido una forma más notable para la gente que te rodea. A menudo he sentido en retrospectiva, que cada vez que me escarbaba la cara era un intento de hacer que todos conocieran mi gran dolor emocional. Escarbar, despellejar es en gran medida una petición de ayuda. Y es una petición dramática.
Cuando eliges despellejar es, en última instancia una elección. Puedes elegir entre buscar ayuda y parar o empeorarlo.

Trago saliva. Menuda bronca.

Nunca me he considerado una víctima en el sentido más común de la palabra. Aunque algunas veces en mi vida permití ser victimizada en áreas latentes, realmente pienso en mí como una persona asertiva que siempre ha trabajado para dar lo mejor posible de sí misma. La mayoría de la gente que entrevisté para este libro eran de la misma naturaleza. Mi conclusión es que los despellejadores habituales a menudo son personas que logran más de lo esperado.

Pausa. Vuelvo a tragar saliva.

Algunas de las cuestiones más básicas para los despellejadores de la piel son el control y la confianza: una necesidad de ejercer el control sobre nuestro cuerpo y ausencia de confianza en la habilidad propia para curarse.

Lo de despellejar los dedos pulgares -con especial preferencia por el derecho- no es algo que llevo toda la vida. Automáticamente comprendí muchas cosas después de leer la página web.

Y me he dado cuenta que aparte de la vergüenza que me da el aspecto de mis dedos, cuentan más cosas de las que deberían. Y que cada vez que he dicho que no sabía por qué lo hacía, no era verdad. No lo comprendía del todo*.

Así que he tomado una decisión. Los enseño y los expongo. Y tomo el compromiso de dejar este feo hábito. Es el mismo hábito que he llevado desde los 6-7 años, sólo que ha cambiado de caras. Al principio era la necesidad de vomitar (que abandoné por ser demasiado cantosa), después rascar el cuero cabelludo -preferentemente estudiando- hasta hacerme sangre (que abandoné porque con una hermana peluquera también era demasiado cantoso), hasta finalmente se ha recrudecido tomando como sparring el pulgar derecho. Creo que debería ponerle nombre y todo.

Ha perdido color, y también sensibilidad. La avería llega casi -sin el casi- hasta la huella dactilar y está encallecido de tanto trabajar para curarse -vas a ver qué risa la renovación del DNI el año que viene...-. Aún así el pobre no me ha quitado ni un ápice de destreza todavía. Hasta que me mande a la mierda, claro.

Bueno, tápense los ojos si son muy sensibles. Espero que la próxima vez esté curado**.




* de esto igual puede que salga otro post. Pero básicamente es, que después de unos momentos de reflexión me di cuenta de que siempre se ha esperado de mí que lo haga igual que los demás.
**he probado de todo tipo de cremas, pero claro, requieren paciencia, y no viene en el tubo.

domingo, 19 de mayo de 2013

Semana 20, vigésimo placer

-¿Sabe por qué quiero hacer teatro?
-Realmente tengo muchísimo interés en saber por qué has venido aquí.
-Se lo voy a decir. Quiero hacer teatro porque quiero hacer algo por mí y por los demás. Quiero hacer teatro porque creo que sirve para comunicarse entre los seres humanos, porque creo que puede ser un camino hacia el entendimiento y hacia la comprensión. Por eso.
-Así que quieres cambiar el mundo...
-Pues sí, me encantaría cambiar este puto mundo. Y creo que todavía se puede.

Noviembre


Poder ir al teatro*.

Humor un poco blanquito para mi gusto, desgracia de voz en OFF que parecen incapaces de evitar en todas las obras de este tipo -Tricicle es un referente por ejemplo- y se me hace imposible de entender, pero sí, se puede disfrutar de estar en una sala con un montón de gente, oyendo risas que no son enlatadas, los chilliditos de las "señorasque" (señorasquesemeanderisa), en suma, la humanidad riéndose contigo.

Que no de ti.

Estoy contenta.

*Esto es, cuando se alinean los astros cuando programan una función de un grupo teatral que se basa en la mímica.




viernes, 17 de mayo de 2013

Semana 20, fotografía vigésima

Mi nacimiento fue poco convencional. Mi primer recuerdo es el de haberme despertado en el bosque. Como un recién nacido, no tenía ni idea de quien era o de qué ocurría. Mis ojos no sabían lo que estaban viendo. Cada sonido o sensación que percibía eran nuevos para mí.
Kyle XY


Bienvenida, pequeña...
 


domingo, 12 de mayo de 2013

Semana 19, decimonoveno placer

I am a visual man. I watch, watch, watch. I understand things through my eyes.
Henri Cartier-Bresson

Ahora que nos inundan posts lamentándose de lo poco que interesa la Ciencia en la sociedad (o lloriqueando, como diría Moli en sus geniales "Queridos científicos"), me acuerdo de cómo se hace para que interese*. O por lo menos, es lo que funcionó conmigo.

En mi casa teníamos un libro de Ciencias Naturales, de color verde (que desde entonces se convirtió en mi color favorito), que era de la promoción de mi hermana P. (que me saca siete años). No consigo recordar cómo era mi propio libro de Ciencias Naturales, pero sí el de mi hermana. Los fines de semana lo solía sacar y buscaba entre las páginas la sección "Experimentos para hacer en casa", y elegía el que más me motivaba ese día para hacer. Como de mis incursiones en el mundo científico es algo de lo que quiero hablar más adelante, sólo contaré uno de los mejores experimentos de mi vida infantil.

Aunque alguno de los experimentos pudiera parecer magia (como este que contaré), no me gustaba nada la magia, porque de algún modo era tan pedorra que necesitaba comprender o al menos, saber que existía una explicación racional al asunto y ya si eso lo entendería después.

El experimento en cuestión consistía en hacer una cámara fotográfica con una caja de zapatos. Me acuerdo de mirarlo con escepticismo antes de decidir que me apetecía comprobarlo: acto seguido, estaba pintando el interior de la caja con betún negro y trapalleando (esto es una palabra de mi madre, tiene diccionario propio "Castellano-Madrebiónica, Madrebiónica-Castellano) para encontrar un trozo de negativo sin usar.
Luego, con las prisas de comprobar si realmente funcionaba, le hice pararse a mi madre durante un ratito (así salió una foto más bien cutre, ella con delantal y con cara de "me estás entreteniendo y se está rifando una bronca") para después correr al final del pasillo a oscuras y sacar el negativo con mucho cuidado.

Pasado el tiempo, cuando pude abrirlo, flipé al ver a mi madre impresa en el negativo. Empecé a correr en círculos agitando los bracitos: ¡¡AMA, AMA, AMA, AMA!!. Y mi madre no se lo creía.

Era mi primera cámara estenopeica.

Qué alegría más mezclada con frustración, de verdad.


Y este fin de semana, montando otra cámara estenopeica mucho más sofisticada y molona (la de la foto) me acordé de que me gusta la fotografía porque nació del interés por la Ciencia. El placer de comprobar la realidad por uno mismo. De experimentar, en suma.

*Si es que son niños, y no cuesta tanto que se interesen. Y de hecho, me encantaría poder juntar todos los experimentos caseros en un libro. Creo sinceramente, que hoy por hoy, quienes más se tienen que interesar por la Ciencia son ellos.
Y si me apuras, seguro que algunos adultos se interesan también por experimentar y por hacer tangible la Ciencia.

viernes, 10 de mayo de 2013

Semana 19, fotografía decimonovena

La A es la tienda de campaña del alfabeto. 
Greguerías (Ramón Gómez de la Serna)

Abecedario en Lengua de Signos

Igual que se tienen palabras favoritas en el castellano, catalán, euskera o gallego (mi saudade) e incluso inglés, en Lengua de Signos tengo una lista mental de las palabras que más me gustan. Y mientras aprendo cosas de fotografía como la velocidad de obturación, os iré enseñando a través del abecedario las palabras que más me gustan (y que menos comprometan mi economato -me vais a perdonar lo trilladísimo del chiste, pero me hace ilusión utilizarlo-). 
Que sean mis palabras favoritas no se debe tanto al sentido como a la belleza de la secuencia del signo, o a lo certero de la expresión del sentido de la palabra. Espero que os guste y que podáis verlo. Yo espero disfrutarlo.


A.

Según la RAE:


Adaptación.

1. f. Acción y efecto de adaptar o adaptarse.

Adaptar.

(Del lat. adaptāre).
1. tr. Acomodar, ajustar algo a otra cosa. U. t. c. prnl.
2. tr. Hacer que un objeto o mecanismo desempeñe funciones distintas de aquellas para las que fue construido.
3. tr. Modificar una obra científica, literaria, musical, etc., para que pueda difundirse entre público distinto de aquel al cual iba destinada o darle una forma diferente de la original.
4. prnl. Dicho de una persona: Acomodarse, avenirse a diversas circunstancias, condiciones, etc.
5. prnl. Biol. Dicho de un ser vivo: Acomodarse a las condiciones de su entorno.







PD: Objetivo Canon focal fija 50 mm-f 1,8. Me encanta...

lunes, 6 de mayo de 2013

De la soberbia y otras hierbas

 Tormenta... Cíclope... y, ¿a ti cómo te llaman?, ¿Ruedas?
 X-Men

Aviso: tocho-post y ni una sola imagen.

Ya he dicho anteriormente que uno de mis defectos es la soberbia. Y como muchas cosas de la personalidad tiene una parte intrínsecamente relacionada con la sordera -y es por esto que digo a menudo que si pudiéramos dejar de ser sordos, tendríamos que aprender a ser otra cosa. Cataclismo de la personalidad-.

De todos modos, vengo reflexionando que probablemente la soberbia sea uno de los defectos más democráticos que existen. Aunque no la practiquemos a tiempo completo, a veces sentimos ese ramalazo verde que nos fustiga cuando alguien viene con pretensiones de darnos una lección. "Le vas a decir tú a papá cómo se [inserte su acción en la que es masterclass]".

He leído hace nada una columna que decía algo muy interesante: las historias de superación personal son muy inspiradoras, pero a menudo tienen una apariencia ficticia. Qué os voy a contar del mundo de la discapacidad, donde hay historias de superación a porrillo.
¿Son reales? Sí, no digo que no lo sean. Pero siempre me ha parecido que para poder superar algo, hay que tener la opción de dejarlo. Es la dualidad entre superación-frustración.

Pero la realidad en la discapacidad, es que como quieras algo con mucha fuerza*, y de alguna forma tu discapacidad te puede estorbartoma parte en ello, no hay alternativas.

*asumiendo por ejemplo que el mundo se ha perdido una gran telefonista conmigo. O una cantante. O pianista. No, hablamos de que se tiene una vida para pensar qué es lo que se adecua a nosotros. Obviamente no iba a querer ser teleoperadora por los ratos que paso con el teléfono del demonio.

Si quería estudiar lo que he estudiado, tenía que poner un pie delante del otro. Con más o con menos fortuna, pero siempre adelante. Si hay una mínima posibilidad y mucha voluntad, dejarlo no es una opción.
Y a menudo, la gente olvida este pequeño detalle: desde el prisma de la gente capacitada (por decir el antónimo de discapacitado), existe la posibilidad de dejarlo si la frustración no compensa -aunque aquí entraría el meollo de que probablemente no fuera una voluntad demasiado firme-.
A menudo, cuando me dicen que me he superado, pienso que no hay nada fuera de lo común y que mientras lo estaba haciendo no pensaba en estar haciendo algo extraordinario. En absoluto. Nunca pensé cuando suspendía (y unas buenas cuantas veces) en dejarlo porque a lo mejor está conectado con la sordera. Sí era consciente de la dificultad añadida, pero de la misma manera que lo podría ser alguien con sobrepeso haciendo el test de Cooper en clase de torturagimnasia. Había que hacerlo por cojones para aprobar.

Pero como el pensamiento superador es bastante atractivo y estamos inmersos en una publicidad favorable, es fácil caer en las redes de cierta autocomplacencia. Por un lado, nos salimos del tiesto de la tendencia de nuestro grupo, hemos hecho X... Nos hemos esforzado tan a saco en ser un capacitado más que nos hemos salido.
¿Ayudamos al resto del grupo discapacitado? Depende. En un blog leí una entrada donde opinaban que el caso de Pablo Pineda (un actor famoso con Síndrome de Down) era tan extraordinario que no ayudaba e incluso desvalorizaba lo que el resto del colectivo puede hacer. Pablo Pineda, para nuestra sociedad es un ejemplo muy atractivo de superación. Pero no funciona del todo bien para su colectivo como podréis leer si pincháis en el enlace. A mí me dio bastante que pensar.

La problemática en la sordera es diferente: venimos de una historia donde los "fallos" educativos fueron un lastre para la comunidad sorda. Entrecomillo "fallos" porque siempre ha habido personas con mayores capacidades, mayor audición o mejores habilidades que consiguieron trascender esos fallos y alejarse de la tendencia del analfabetismo funcional. Y hete aquí, que entonces resulta que la tuya es una historia de superación.

¿Por qué no? Lo malo de esto es que perdemos el norte. Una vez escuché una perorata de un chico "sordo-medio" "casi-oyente" como le gustaba denominarse, en la que me insistía lo importantísimo que era que los sordos estudiáramos, como él y como otras dos personas que me puso como ejemplo de superación y que no debíamos quedarnos limpiando escaleras, y que si él se relacionaba con oyentes muy bien, y tal y pascual. Un YO-YO-YO, en toda regla. No sentí ganas de corregirle (bien por mí), porque me impactó tanto su manera condescendiente de hablarme que de repente comprendí por qué a veces hay diferencias entre sordos.

La soberbia nos contamina. No estoy libre de ella para nada, hago muchos crimentales que no me hacen nada de gracia porque me recuerdan la situación antes expuesta. No quiero convertirme en alguien odioso para la comunidad sorda por haber hecho X. De hecho, solía pensar lo de que alguien tiene que ser el peor en algo. No es el mejor pensamiento, pero ayuda a tener los pies en la tierra.
Se suele promocionar mucho la idea de un modelo para la comunidad sorda (esto es ADECOSOR, un agente de desarrollo de la comunidad sorda), y últimamente pienso que tal persona debería ser un verdadero puente: que conduzca y no ofrezca un muro de imponentes éxitos. Que sepa apartarse de la escena y hacer que otros puedan conseguirlo. Que sea sensible. Que sea consciente que hay que hacer el paso más fácil para otros. Ser pionero no sirve de nada si nadie va a usar ese camino nunca más.

Y luego pienso que a lo mejor el resorte de la soberbia es la baja autoestima. Quizás sí, no tengo ni idea de psicología. Quizás el chico "sordo-medio" también buscaba su hueco, muchas veces perdido entre el mundo sordo y el mundo oyente. Quizás es nuestro modo de buscar ser reconocidos a los ojos de los demás y a los nuestros propios. Es posible. ¿Lo sabéis vosotros?

Ahora tenemos un nuevo término en danza que es el de la "diversidad funcional". Quitando correcciones políticas, que en verdad lamentaría mucho si el concepto sólo fuera a usarse para definirme como "Hola soy Biónica y soy funcionalmente diversa" (y además qué raro queda), me encanta el párrafo donde se hace distinción entre integración e independencia. Si estáis vagos, os lo pego:

Para las personas con diversidad funcional, el modelo médico rehabilitador considera la inclusión en la sociedad de este colectivo únicamente a través del trabajo (Centros Especiales de Empleo) o el estudio (Educación Especial), dictando desde fuera lo que debe hacer la persona. Bajo la perspectiva ideológica de la Diversidad Funcional se considera esencial apoyar la independencia en todos los ámbitos de la vida cotidiana: educación, trabajo, edificación, transporte, comunicación, información, ocio, etc. dando a cada persona las herramientas que precise para desarrollarse en esos ámbitos, de manera que tome el control de su propia vida.

Esto es, al hilo de la soberbia integradora, aceptar la discapacidad como una diversidad y no como una supercapacidad o una infracapacidad. Porque lo que nos pone en un pedestal, tiende a deshumanizarnos.

domingo, 5 de mayo de 2013

Semana 18, decimoctavo placer

Cuando eres lo suficientemente fuerte, la psicología se estabiliza sola, y todo en la cabeza se pone en su sitio.
Alexei Bolotov (Pura Vida - The Ridge)


Ver un documental que emociona. "Pura Vida-The Ridge" cuenta el rescate de Iñaki Ochoa de Olza  que quedó atrapado con mal de altura en el campo 4 del Annapurna (el décimo pico más alto del mundo).

Hace cosa de una semana, leí aquí la recomendación de ver este documental (pinchad, no seáis vagos, que vais a ir a un sitio muy interesante). Acabo de verlo, y automáticamente ha quedado como el mejor momento de la semana.

Nunca jamás de la vida haría montañismo o (¡menos aún!) alpinismo. Sin embargo, me encanta leer sobre ellos. El interés es relativamente reciente y nació de leer una serie de posts muy recomendables sobre la carrera del Everest: éste, éste y éste. Os recomiendo muy fuerte leerlos, tanto si os atrae la montaña como si no. A partir de haberlos leído, empecé a seguir con interés y a mirar con admiración renovada las noticias sobre montañismo y alpinismo (la carrera de Gerlinde Kaltenbrunner, Edurne Pasaban por poner algunos ejemplo).

Es supervivencia en estado puro y otra parte fuerte por la que me atrae son los dilemas morales que se presentan. Como bien dicen en el documental (del que se pueden sacar un pilón de grandísimas lecciones vitales), "una de las cosas más interesantes de la vida es que no sabes qué harás en determinada situación hasta que te encuentras en ella. Uno siempre espera alcanzar su yo más elevado. Pero siempre está el miedo de actuar con temor, de ser cobarde".

Sé que mi tipo de afición es totalmente desde la barrera, al más puro estilo taurino: además, no hace falta irse tan lejos para encontrar situaciones similares y ni mucho menos para perder la vida en la montaña.
Le tengo muchísimo respeto a la montaña (y al monte, si me apuras). Hace poco leí una columna de opinión relacionada con un accidente en la montaña y me quedé con esta frase: "En la montaña, el grupo es tan fuerte como lo es el más débil de sus miembros". No podría estar más de acuerdo.

Y como soy una floja y vivo en Euskadi donde uno de los planes estrella* es subir al monte, tengo una anécdota desagradable del monte -aunque estos eran gallegos-. Decidimos una cálida mañana de agosto levantarnos pronto y montar una expedición de cinco personas para hacer senderismo (jaja, muero) por los montes que rodean mi pueblo. Llevábamos bocatas para almorzar y cuatro botellitas de agua de medio litro cada una: la idea era bajar al mediodía a comer en casa.

A partir de las 11 de la mañana empezamos a "perdernos", lo entrecomillo porque íbamos con mi padre y perdidos no estuvimos en ningún momento. Qué va. Sólo que los caminos se cerraban TODOS. Por la naturaleza en estado salvaje. La situación empezó a ser problemática cuando -sí, lo habéis supuesto bien- empezó a faltarnos el agua. Pero mi padre sabía dónde había agua, sólo era cuestión de andar a las 12 del mediodía por una ladera absolutamente lisa de pizarra gallega reflectando el sol y secándonos hasta el alma -desde eso estuve dos años con moreno agromán-.

Después estaba el agua. ¿Era potable? preguntaréis con vuestro grifo de agua clorada clavándose en una fuente en mitad de la naturaleza salvaje. Pues no lo sé. Pero aseguro que en ese momento habríamos bebido un barrizal si hiciera falta -pero sí, tenía pinta de agua de manantial-. Es más, nunca en la vida sentí tantos deseos de beberme TODA la botella de medio litro de golpe. Sin importarme los otros cuatro. Pero no, me mojaba un poquito los labios y moría de miedo seguía caminando.

En el cénit de la expedición decidimos que íbamos a usar la lavadora el teléfono móvil de última generación de los 90 de mi hermana para llamar a mi madre no fuera a ser que se empezara a preocupar. En vez de montar una operación de rescate en condiciones como chillaba yo por dentro, demasiado exhausta psicológicamente para hablar, desde mi exigua sombra de una planta de escobera. ¿Qué más podía pasar? Exacto. Que el móvil se quedara sin batería.

Me sentía superdesgraciada -más hiperlativo aún-. Nunca imaginé que tener sed podría minarme tanto, hasta el punto de que cuando llegamos al arroyo del pueblo, todos estaban súper felices menos yo. Me hundí un montón, ponía un pie delante del otro sin más objetivo que llegar. Así que ya veis que mi flojedad psicológica viene de lejos. Sinceramente me admira de lo que es capaz alguna gente en la montaña. Me ha admirado un montón este documental, he llorado a mares, he sonreído y he aprendido un montón de cosas nuevas.

Desde la barrera.

Sigo subiendo al monte, poco para que me den el label vasco, pero sí, por lo menos, lo más alto que he subido han sido 1482 metros. Soy el eslabón más débil del grupo siempre y lo odio pero soy la última en llegar a los descansos y a la cumbre. No consigo adelantarme, me tortura sentir que se me va la fuerza para subir, pero... tienen razón cuando dicen que en la cumbre hay otra perspectiva.



*los otros son el comercio y el bebercio, claramente.