Te quiero cuando tienes frío estando a 21º, te quiero cuando tardas una hora para pedir un bocadillo, adoro la arruga que se te forma aquí cuando me miras como si estuviera loco, te quiero cuando después de pasar el día contigo mi ropa huele a tu perfume y quiero que seas tú la última persona con la que hable antes de dormirme por las noches. Y eso no es porque esté solo ni tampoco porque sea Nochevieja. He venido aquí esta noche porque cuando te das cuenta de que quieres pasar el resto de tu vida con alguien deseas que el resto de tu vida empiece lo antes posible.Cuando Harry encontró a Sally
2009 no fue un año bisiesto. Mi hermana P. tiene la teoría de que en los años bisiestos siempre le pasa algo malo. Aunque sólo sea porque hay uno cada cuatro años.
La verdad, que esa idea no sé si es como un placebo, que basta con mirar que es un año bisiesto, para que la mala suerte te tenga cogido. Yo tengo la teoría (mejor), de que los malos años te pillan por sorpresa. Que siempre es más divertido.
En rigor, 2009 no fue un mal año. Pero empezó mal (racha de 2007, si es que las rachas no se miden por años, que lo digo yo) y acabó increíblemente bien. Y por eso, salvaría a 2009 de la quema.
Pero me hubiera ahorrado muchas cosas. En la primera mitad del año, lastres que no supe soltar, familia que sabía que me encaminaba a un error seguro... pero siempre fui así, queriendo comprobar de primera mano, qué es lo que pasa cuando te acercas mucho al fuego.
Fue una mala e infeliz época. Me daba cuenta de que así, no iba a ser feliz nunca. Y en marzo, abrí un blog. Y a ratos, así escapaba un poco de la vida, que parecía empeñada en demostrarme que no iba a tener paz.
Sí, lo sé, soy una drama-queen.
Abril y mayo, precipitaron la caída, con una serie de episodios que me dieron fuerza para soltar el lastre. Y parecía que había llegado la calma.
Pero tuve que esperar un poco. Huir, que ya sé que es de cobardes. Así pasé el verano.
Y en septiembre, mi suerte cambió, no sin soltar antes una gran traca final, para que no me olvidara que los malos momentos aún respiraban en mi nuca.
Y entonces llegó el mejor otoño en mucho tiempo. El mejor solsticio de invierno. Parece mentira lo que cambian las cosas.
Ahora, me dispongo a quemar el calendario de este año.
Se acabó. El 2010 va a ser mi año (y el de J., y el de mi familia, y el de mis amigos).
Y el vuestro.
Abrazos, que me pongo sentimental... En enero, retornamos con la programación habitual. Prometo no portarme más así.
Gracias a todos, mil.











