—¿Oye eso Sr. Anderson? es el sonido de lo inevitable, es el sonido de su muerte.
—Mi nombre es... ¡Neo!Matrix
Porque aunque a veces parezca que no, a veces oigo cosas. Cuando me puse el último grito en audífonos (que todavía llevo, ya no estoy a la moda), me dijeron que iba a oír mejor... y en Dolby Surround. Exagerados... eso es lo que pensé.
Lo primero que noté cuando me los pusieron, al salir a la calle -el medio idóneo, ahí, a las emociones fuertes- fue una especie de molesto fruss-frúss, que no conseguía localizar.
Me paraba. No había fruss-frúss.
Volvía a andar. Fruss-frúss.
Pensando: (Alguien me sigue. Será eso.) Andaba más rápido. Frússfrússfrúsfrúsfrús.
(Joder.) Me paraba. Se paraba el j*dido fruss-frúss.
(No puede ser. Los fruss-frúss no vacilan a la gente normal.) Miro hacia abajo.
Moví los bajos, así como en un baile raro -cuando no miraba nadie, que soy payasa, pero en la intimidad-. Fruss-frúss, fruss-frúss...
(¡Qué gracia! ¡Los pantalones SUENAN!).
Continué andando.
-Bisibisí bsshi blablablabla... (fruss-frúss, fruss-frúss...)
Miraba a los lados. Nadie.
-¿Gasjia bisibisí?¡Slksuiu adasjk!
(¿Alguien me sigue? ¿Suena el bolso? ¿Huelen las nubes?) Miro hacia atrás.
-¡Ah c*ño! -sí, no me puedo reprimir-
(¡Pues resulta que oigo conversaciones a mis espaldas!. Mi casa. Quiero llegar a mi caaasaaa...)
El primer día terminé sudando profusamente y deseando descansar en casa. Ahora llevo mucho mejor esto de identificar sonidos. A veces puede ser divertido localizarlo.
En casa, prefiero estar siempre acompañada. Mi naturalparanoia imaginación hace que me ponga un poco nerviosa: ¡un ladrón! aydiosmío, esta vez sí... ¿me he dejado la puerta abierta? aynoquieromirar... -dicho sea de paso, que no entiendo a los protas de las pelis de terror, ¿cómo narices van a la puerta iluminada? todo el mundo sabe que no hay que ir a esas puertas-. Los dos descubrimientos psicofónicos que tuve en esta casa, fueron:
1. cuando el vecino tira de la cadena del WC... ¡SE OYE!
2. cuando el vecino arrastra rodando la bombona de butano... ¡SUENA!
En la calle, me tomo las situaciones psicofónicas con más tranquilidad. He llegado a escuchar bandas sonoras en unas obras situadas a cierta distancia. La última vez en el aeropuerto. De verdad. De repente suenan como campanas tibetanas -esto lo sé, porque voy a yoga y nos pone mucho de eso-.
-WAAAANG... TLAAAANG... WAAAANG...
(Curiosa elección para un hilo musical...)
Recogiendo a Hermana_Biónica y Cuñao_Biónico:
-Oye, ¿os habéis fijado en la música en el aeropuerto? ¿ponen música en el aeropuerto?
-¿Qué música? Si no hay música...
-Oh, pues ya iba a deciros que qué raro poner música de yoga para un aeropuerto, jiji, así que sí, serán las obras.
-SÓLO se oyen las obras.
En el laboratorio, en mis comienzos... cada cierto tiempo escuchaba un perrito por ahí:
-Guof-guof-guof-guof-guof-guof...
(¡Qué perrito más rítmico!) Para qué pensar en lo improbable que es que en una facultad aislada de la civilización (de verdad), haya un perro. Para qué.
-Guof-guof-guof-guof-guof-guof...
-Oye, ¿hay un perro por ahí? Menudo ritmo lleva, ¿no? y qué regular...
-¿Qué perro? ¿Cuándo? ¿Qué dices?
-Guof-guof-guof-guof-guof-guof...
-¡Ahora! ¿Lo oyes?
-Eso no es un perro. Es éste aparato, que lee 100 pocillos de uno en uno (¡guof!), cada hora.

Y ya la última variante, y ya paro. De verdad. Ésta es bastante más inquietante. La primera vez que me pasó, estaba yo metidita en mi cama de encarte leyendo, y oyendo una tormenta de las buenas, ahí en la calle.
(BRRRROUM, BRRRUM, BRRRRAUMMM)
-Vaya truenos, ¿eh Madre_Biónica? ¡La que debe estar cayendo ahí afuera!
-...
-Cómo tiene que estar lloviendo, ¿eh?
-...eeeehhh... no hay tormenta. Ni lluvia.
-¿Y los truenos que ahora mismo estoy escuchando? ¡Si los oigo hasta sin audífonos!
-Es que no hay truenos, hija. Está el suelo seco seco.
-Pero ¿cómo es posible si los estoy escuchando perfectamente?
Levanté la persiana, y comprobé que, efectivamente, aquello estaba más seco y calmo que un desierto.
(BRRRROUM, BRRRUM, BRRRRAUMMM)
-Jo, pero los oigo de verdad... Como en mi cabeza. Como si fueran un millón de trenes pasando.
En aquel momento, me puse tan nerviosa que mi madre tuvo que dormir conmigo. Entonces no sabía ni lo que era un acúfeno. Ahora tengo el -dis-gusto de conocerlos más de cerca.
Y esto es todo, de la apasionante vida psicofónica. Lo prometo.
(¡Qué gracia! ¡Los pantalones SUENAN!).
Continué andando.
-Bisibisí bsshi blablablabla... (fruss-frúss, fruss-frúss...)
Miraba a los lados. Nadie.
-¿Gasjia bisibisí?¡Slksuiu adasjk!
(¿Alguien me sigue? ¿Suena el bolso? ¿Huelen las nubes?) Miro hacia atrás.
-¡Ah c*ño! -sí, no me puedo reprimir-
(¡Pues resulta que oigo conversaciones a mis espaldas!. Mi casa. Quiero llegar a mi caaasaaa...)
El primer día terminé sudando profusamente y deseando descansar en casa. Ahora llevo mucho mejor esto de identificar sonidos. A veces puede ser divertido localizarlo.
En casa, prefiero estar siempre acompañada. Mi natural
1. cuando el vecino tira de la cadena del WC... ¡SE OYE!
2. cuando el vecino arrastra rodando la bombona de butano... ¡SUENA!
En la calle, me tomo las situaciones psicofónicas con más tranquilidad. He llegado a escuchar bandas sonoras en unas obras situadas a cierta distancia. La última vez en el aeropuerto. De verdad. De repente suenan como campanas tibetanas -esto lo sé, porque voy a yoga y nos pone mucho de eso-.
-WAAAANG... TLAAAANG... WAAAANG...
(Curiosa elección para un hilo musical...)
Recogiendo a Hermana_Biónica y Cuñao_Biónico:
-Oye, ¿os habéis fijado en la música en el aeropuerto? ¿ponen música en el aeropuerto?
-¿Qué música? Si no hay música...
-Oh, pues ya iba a deciros que qué raro poner música de yoga para un aeropuerto, jiji, así que sí, serán las obras.
-SÓLO se oyen las obras.
En el laboratorio, en mis comienzos... cada cierto tiempo escuchaba un perrito por ahí:
-Guof-guof-guof-guof-guof-guof...
(¡Qué perrito más rítmico!) Para qué pensar en lo improbable que es que en una facultad aislada de la civilización (de verdad), haya un perro. Para qué.
-Guof-guof-guof-guof-guof-guof...
-Oye, ¿hay un perro por ahí? Menudo ritmo lleva, ¿no? y qué regular...
-¿Qué perro? ¿Cuándo? ¿Qué dices?
-Guof-guof-guof-guof-guof-guof...
-¡Ahora! ¿Lo oyes?
-Eso no es un perro. Es éste aparato, que lee 100 pocillos de uno en uno (¡guof!), cada hora.

Y ya la última variante, y ya paro. De verdad. Ésta es bastante más inquietante. La primera vez que me pasó, estaba yo metidita en mi cama de encarte leyendo, y oyendo una tormenta de las buenas, ahí en la calle.
(BRRRROUM, BRRRUM, BRRRRAUMMM)
-Vaya truenos, ¿eh Madre_Biónica? ¡La que debe estar cayendo ahí afuera!
-...
-Cómo tiene que estar lloviendo, ¿eh?
-...eeeehhh... no hay tormenta. Ni lluvia.
-¿Y los truenos que ahora mismo estoy escuchando? ¡Si los oigo hasta sin audífonos!
-Es que no hay truenos, hija. Está el suelo seco seco.
-Pero ¿cómo es posible si los estoy escuchando perfectamente?
Levanté la persiana, y comprobé que, efectivamente, aquello estaba más seco y calmo que un desierto.
(BRRRROUM, BRRRUM, BRRRRAUMMM)
-Jo, pero los oigo de verdad... Como en mi cabeza. Como si fueran un millón de trenes pasando.
En aquel momento, me puse tan nerviosa que mi madre tuvo que dormir conmigo. Entonces no sabía ni lo que era un acúfeno. Ahora tengo el -dis-gusto de conocerlos más de cerca.
Y esto es todo, de la apasionante vida psicofónica. Lo prometo.





11 han hablado...:
A mí me ponen muy nerviosa los ruiditos de mucha ropa. Mi madre tiene unos zapatos con unas hebillitas que hacen "clin,clin,clan" que me dan ganas de arrancar a bocados. Y también oír(mal) la tv del vecino del edificio de enfrente porque parece que un fantasma me susurra por encima del hombro y me enerva :D
En realidad debe ser fascinante descubrir todo un nuevo mundo de ruidos, a pesar de esas pequeñas jodiendas, ¿no? Es -salvando muchísimo las distancias- como cuando después de varias horas con los oídos taponados (al bajar de un avión, por ejemplo), de repente el ruido del mundo te da una cachetada en todo su esplendor. :o
¡Saludos!
El padre de Rebi ha cambiado de audífono hace poco, y le han dado el último grito. Desde entonces susurra, y a veces le ves mirar alrededor y descojonarse vivo.
Y cuando le miras, te contesta entre risas:
- Oye, si es que ahora lo oigo todo!!
Oir oigo estupendamente, por lo menos por ahora, pero escuchar, lo que es escuchar... Es increíble cómo se transforman unos sonidos en otros y las palabras que se pueden formar, chica.
Por cierto, para psicofonía lo de la lata de chicles en mi mochila. Parece que llevo un par de bailarinas con castañuelas cuando camino.
Me ha encantado el post. El mundo de los sentidos es acojonante...No puedo imaginarme asociar los sonidos "conocidos" con otra cosa distinta (el ejemplo del "guof" es maravilloso), aunque quizás debería ser más consciente de que la información sensorial que recibo queda de lo más aparente pero es una construcción mía...Verbigracia: llevo meses oyendo llorar desesperadamente a un bebé en algún punto de mi vecindario, todos los días, un llanto desgarrador, como si le doliera mucho algo...El otro día, de manera casual, descubrí que una vecina tenía perro. Cuando le dije que no le había oído nunca ladrar, la mujer me contestó que no, que no ladraba, "que parece que llora como un bebé, qué cosas, ¿eh?"
Glups. ¿Se puede vivir dudando de nuestras percepciones todo el rato?
(coño, pedazo turra xD)
Debe de ser muy impactante ir descubriendo sonidos nuevos todo el rato (y también bastante estresante).
Me solidarizo mucho con lo de tu acúfeno. Yo hace tres años vivo con uno noche y día y al principio me ponía de los nervios. Ahora la verdad es que casi nunca soy consciente de que lo tengo y solo lo oigo si pienso en él. Lo que me extraña es que a tí el acúfeno te haya aparecido cuando te han puesto el nuevo audífono porque, según creo, no tienen relación con ruidos reales del exterior.
En cualquier caso, ya verás como enseguida te acostumbras.
Un abrazo
Uy..yo no sabía lo que era un acúifeno.
Lo de los ruiditos..yo froto los pies uno contra otro cuando me meto en la cama. Una noche durmiendo con una amiga...ella decia: moli..oigo pasos...Y yo claro me ponía en tensión y dejaba de frotar los pies. ¡¡Ya no lo oigo decía ella!...y yo volvía con mi frote de pies..¡¡Ahora!!...
jajajajaja..cuando descubrimos que eran mis pies casi le habia dado un ataque al corazón de la tensión.
Molinos, qué gracioso lo del frote de pies...! Xau mueve los dos dedos de los piés, el gordo y el de al lado, cruzando y descruzándolos. Para dormir y para despertarse.
Hace tiempo que no me pasaba por aquí, pero veo que sigues tan descojonante como siempre, he estado recuperando los post perdidos y me he reido un rato con esa manera tan especial que tienes de contar las cosas... aunque sean una tragedia.
Lo del acuífeno ha sido un descubrimiento, pues a veces lo padezco y realmente puede ser muy inquietante, al menos hasta que descubres lo que es... que los profanos llamamos un pitido en el oido...
Besucos y a seguir bromeando con la vida... me encanta.!!!
El día que me quitaron unos simples tapones de los oidos, mi primera idea fue darle un beso al otorrino. Ahora he comprobado que para vivir en un iglú se está mejor con ellos y escuchas lo que te da la gana.
Bueno, por fin me pongo al día a contestar xD:
Cattz, es sorprendente lo que puede llegar a sonar la ropa. A día de hoy sigo buscando sonidos que son de ropa xD
Peibol, la verdad que es así. Pero nos adaptamos rápidamente y esa sensación de destaponamiento desaparece rápido.
Gato, cuidado pues, jajaja xD
Illu, sí como la letra de las canciones que se entiende una cosa y es otra, no? xD
Reina, pues como siempre, me encanta que te encante el post! :D
Vesper, me pasó hace dos audifonos xD. Sigue pasándome, pero supongo que fue un momento en que el tinnitus estaba en todo su esplendor :)
Moli, y encima buscando tú también el sonido... jajajaa
Queli, besucos, tus visitas siempre se agradecen! :)
Iglú, depende para qué, no? :)
Publicar un comentario en la entrada