jueves, 30 de septiembre de 2010

Y decíamos ayer...

- Mamá, si no me internan me suicido.
- Sí claro, igual que ayer...

Cándida
Emmm... pues...

¡Me he apuntado a yoga! (vale, a los que os doy la brasa en el Twitter, no os cuento nada nuevo).

Y... emmm...

¡También me he hecho Twitter! (los del Twitter no se han dado cuenta... pobres...)

Mmmm... (Hay que ver lo que se agolpan en la mente las cosas por decir. Cómo se están pegando, oye...)

¡Me paso el día en Twitter! (Ejem. Soy un torbellino de ideas)

Empezaré por la primera, pues. Que además hoy he tenido clase y me inspira. Me he apuntado a un centro friki, porque tenía ganas de oír a alguien hablar de cosas frikis.

Lo que no sé, es si es tan buena idea, sobre todo si tienes un conocimiento mínimo del cuerpo humano.

"Siente la vida, cómo el aire va llenando tus pulmones, y se llenan de energía tus células (OMG)... siente la sangre, cómo corre por las venas, imagina tu corazón... obsérvalo..."

Yo no sé los demás, pero yo cierro los ojos y veo "Érase una vez, la vida".


Que ésa es otra. Hay que cerrar los ojos, para relajarse completamente. Y quien me conoce, sabe que para mí, cerrar los ojos y relajarse a la vez, si no es para dormir, es algo tan imposible como chuparse un codo.

Para conseguir cerrar los ojos, más o menos relajadamente -es decir, con un ojo entreabierto a ratos, no vaya a ser que me despiste-, tengo algo parecido a esto.


No es un aparato venido del futuro. Ni un Mp3. Es una emisora de frecuencia modulada (por algo me puse Biónica). Igual os he hablado antes de esto, pero por no ponerme a buscar en el archivo del blog, vais a sufrir como J.

Biónica -Jo, ¿te has fijado en las casas ésas cómo están sobre la cuesta?

J -Sí, curioso.

Diez minutos más tarde:

Biónica -¿Has visto qué pasada las casas ésas como están...? ...¿a que lo he dicho antes?

J -Niña, ¿otra veeez? ¬¬'

A lo que iba, consiste básicamente en una emisora que se cuelga del cuello del profesor -o de cualquiera, es así de promiscua-, y recoge el sonido de su voz, y lo envía mediante frecuencia modulada -aquí pegaría el cerdito empollón que dibuja Efe (lo confieso, me salía "cerdito empollón de Efe")-, a los receptores acoplados a mi audífono -zócalos, de nombre científico, y no cernícalos que me salió alguna vez... ejem-.

La ventaja que tengo con esto, es que así -esto me suena de haberlo escrito ya por ahí, al final va a tener razón J- aprovecho la ganancia auditiva que me da el audífono.

Aún así, soy muy oculodependiente, qué gracia, ¿o debería decir visiodependiente?. Bueno, pues lo del oculo. Y genero muchas situaciones de seguir con los brazos en alto cuando los demás ya los han bajado, perderme entre manojos de instrucciones:

-Agachar lentamente la cabeza hasta tocar las rodillas.... kajsdlkjaskdji kjsdajl kljsdkaj... y ahora, inspirando, levantad la pierna todo lo que podáis hasta la cabeza.



Pero todo eso no me arredra. Lo que sí lo hace, es el lío que llevo entre la derecha y la izquierda. Y lo poco que me aclaro con los saludos (que no salidos) al Sol.




Cuando es izquierda, hago la derecha, y viceversa, una disfunción muy molesta en este caso (¿y cuándo no?). Y hay que hacerlo doce veces. Todo a la vez no lo puedo hacer.

Namasté, queridos hermanos. Paz y amor.

(¿Habéis probado si llegábais a chuparos el codo?)