lunes, 25 de octubre de 2010

Grandes aspiraciones

Lijón... Lío de cojón...
Ocean's eleven

Un batiburrillo de los que a mí tanto me gustan. De los que no tienen ninguna relación entre sí:

1. La otitis, bien, gracias. Otorrino loco, me volvió a revisar, y yo volví a constatar el hecho de que aunque las exclamaciones siguen incrustadas en sus frases, me habla con más suavidad (si esto es posible). Y me regala observaciones como éstas.

-El oído está muuuuy bieeeeen. Tenías un edema, pero tan grandeeee... que si tu agujero (el del oído, no sean...) es de este tamaño:



...¡¡no tenías agujero!! ¡Tenías un edema multiplicado por dieeeez!* ¿Mentiendes? Normal que te doliera, pero me aleeeegro. Así no te aaandas.
-Pero es que pic...
-Yo te entieeeeendo, pero te digo una cosa; yo cuando voy al teaaaatro, me pongo un audífono como túuuu, que yo llevo un audifonito, y al de un rato de poneeérmelo... me pica que es un horrooooor, pero no te debes rascaaaar ¿mentiendes?

2. Después de tan apasionante episodio, volvemos con "Otra noche sin dormir"; esta vez, porque no tenía suficiente aire en toda la habitación para respirar. Me dio tiempo a echarle la culpa al yoga, que fijo que no respiraba normal, porque se me había olvidado cómo hacerlo. Tanto pranayama, y tanta leche, y yo ahogándome. A las cuatro de la mañana, le parecerá bonito...
A las seis de la mañana da tiempo para volverse hipocondríaco, y ya que no podía dormir, me dediqué a hacer documentación por internet. De las seis a las siete de la mañana tuve tiempo de pensar en: angina de pecho, un soplo, correr me sienta fatal, va a ser que me he olvidado de respirar de verdad, una apnea, no, un tumor, ay que me muero, y yo tan sola, y todo el mundo durmiendo.
Y por supuesto twittear mi agonía, claro. Tenía que dejar mis últimos estertores en algún sitio.

Después de dormir 45 minutos, y despertar con la misma taquicardia de toda la noche* (ohcielos, sigue ahí, me voy a morir de taquicardia), la histeria sensatez se impuso y decidí ir a ver a mi médica que es como House en lo borde, pero en tía, y en idiota menos brillante.

Constaté que, como decían en aquel monólogo que los timbres de los dentistas son mágicos para que se te pase el dolor de muelas, las sillas de la sala de espera tienen un efecto similar. Paso y me da un espirómetro portátil o algo. Soplo.

-PFffffff...
-... ¿sólo esto puedes soplar? ¿y si te da vergüenza y por eso soplas tan poco? Date la vuelta y sopla sin mirarnos.
(¿y si es porque me ahogo estúpida?)

Acto seguido, pasé con una enfermera que me quería robar mi energía vital (sí, esto es del yoga):

-¡Sopla con fuerza el aire!
-¡¡PFFFFFFFF!!
-¡Muy bien! ¡Un poco más!
-¡¡PFFFFfffffff!!
-¡Un poco más!
-¡Pffffffff!
-¡Venga, venga, un poquito más, otro poquito más!
-Pffffff... aghsss


-¡Dame toda tu energía vital!

Diagnóstico final: asmática. Siempre supe que mi vida iba a estar llena de grandes aspiraciones (ya sé que está trillado, me vais a perdonar, pero es irresistible, siempre quise decirlo. Pero no ser asmática).

3. Fotodocumento:

J- ¿Que si estoy aburrido yo? Qué va...


Para nada, ¿eh?

4. Fotodocumento:

Visto hoy en los chinos. ¡Encuentra el error!



5. Tengo en mente hacer una etiqueta que se llamaría: "Cosas que el pelirrojo de Bricomanía, nunca te contaría". Para torpes como yo. Para que no tengáis que padecer lo que estoy padeciendo*.

*Situaciones dramatizadas.

miércoles, 20 de octubre de 2010

Psicofonías

—¿Oye eso Sr. Anderson? es el sonido de lo inevitable, es el sonido de su muerte.
—Mi nombre es... ¡Neo!
Matrix

Porque aunque a veces parezca que no, a veces oigo cosas. Cuando me puse el último grito en audífonos (que todavía llevo, ya no estoy a la moda), me dijeron que iba a oír mejor... y en Dolby Surround. Exagerados... eso es lo que pensé.

Lo primero que noté cuando me los pusieron, al salir a la calle -el medio idóneo, ahí, a las emociones fuertes- fue una especie de molesto fruss-frúss, que no conseguía localizar.
Me paraba. No había fruss-frúss.
Volvía a andar. Fruss-frúss.
Pensando: (Alguien me sigue. Será eso.) Andaba más rápido. Frússfrússfrúsfrúsfrús.
(Joder.) Me paraba. Se paraba el j*dido fruss-frúss.
(No puede ser. Los fruss-frúss no vacilan a la gente normal.) Miro hacia abajo.



Moví los bajos, así como en un baile raro -cuando no miraba nadie, que soy payasa, pero en la intimidad-. Fruss-frúss, fruss-frúss...

(¡Qué gracia! ¡Los pantalones SUENAN!).

Continué andando.

-Bisibisí bsshi blablablabla... (fruss-frúss, fruss-frúss...)

Miraba a los lados. Nadie.

-¿Gasjia bisibisí?¡Slksuiu adasjk!

(¿Alguien me sigue? ¿Suena el bolso? ¿Huelen las nubes?) Miro hacia atrás.



-¡Ah c*ño! -sí, no me puedo reprimir-

(¡Pues resulta que oigo conversaciones a mis espaldas!. Mi casa. Quiero llegar a mi caaasaaa...)

El primer día terminé sudando profusamente y deseando descansar en casa. Ahora llevo mucho mejor esto de identificar sonidos. A veces puede ser divertido localizarlo.

En casa, prefiero estar siempre acompañada. Mi natural paranoia imaginación hace que me ponga un poco nerviosa: ¡un ladrón! aydiosmío, esta vez sí... ¿me he dejado la puerta abierta? aynoquieromirar... -dicho sea de paso, que no entiendo a los protas de las pelis de terror, ¿cómo narices van a la puerta iluminada? todo el mundo sabe que no hay que ir a esas puertas-. Los dos descubrimientos psicofónicos que tuve en esta casa, fueron:

1. cuando el vecino tira de la cadena del WC... ¡SE OYE!
2. cuando el vecino arrastra rodando la bombona de butano... ¡SUENA!

En la calle, me tomo las situaciones psicofónicas con más tranquilidad. He llegado a escuchar bandas sonoras en unas obras situadas a cierta distancia. La última vez en el aeropuerto. De verdad. De repente suenan como campanas tibetanas -esto lo sé, porque voy a yoga y nos pone mucho de eso-.

-WAAAANG... TLAAAANG... WAAAANG...

(Curiosa elección para un hilo musical...)

Recogiendo a Hermana_Biónica y Cuñao_Biónico:

-Oye, ¿os habéis fijado en la música en el aeropuerto? ¿ponen música en el aeropuerto?
-¿Qué música? Si no hay música...
-Oh, pues ya iba a deciros que qué raro poner música de yoga para un aeropuerto, jiji, así que sí, serán las obras.
-SÓLO se oyen las obras.

En el laboratorio, en mis comienzos... cada cierto tiempo escuchaba un perrito por ahí:

-Guof-guof-guof-guof-guof-guof...

(¡Qué perrito más rítmico!) Para qué pensar en lo improbable que es que en una facultad aislada de la civilización (de verdad), haya un perro. Para qué.

-Guof-guof-guof-guof-guof-guof...

-Oye, ¿hay un perro por ahí? Menudo ritmo lleva, ¿no? y qué regular...

-¿Qué perro? ¿Cuándo? ¿Qué dices?

-Guof-guof-guof-guof-guof-guof...

-¡Ahora! ¿Lo oyes?

-Eso no es un perro. Es éste aparato, que lee 100 pocillos de uno en uno (¡guof!), cada hora.



Y ya la última variante, y ya paro. De verdad. Ésta es bastante más inquietante. La primera vez que me pasó, estaba yo metidita en mi cama de encarte leyendo, y oyendo una tormenta de las buenas, ahí en la calle.

(BRRRROUM, BRRRUM, BRRRRAUMMM)
-Vaya truenos, ¿eh Madre_Biónica? ¡La que debe estar cayendo ahí afuera!
-...
-Cómo tiene que estar lloviendo, ¿eh?
-...eeeehhh... no hay tormenta. Ni lluvia.
-¿Y los truenos que ahora mismo estoy escuchando? ¡Si los oigo hasta sin audífonos!
-Es que no hay truenos, hija. Está el suelo seco seco.
-Pero ¿cómo es posible si los estoy escuchando perfectamente?

Levanté la persiana, y comprobé que, efectivamente, aquello estaba más seco y calmo que un desierto.

(BRRRROUM, BRRRUM, BRRRRAUMMM)
-Jo, pero los oigo de verdad... Como en mi cabeza. Como si fueran un millón de trenes pasando.

En aquel momento, me puse tan nerviosa que mi madre tuvo que dormir conmigo. Entonces no sabía ni lo que era un acúfeno. Ahora tengo el -dis-gusto de conocerlos más de cerca.

Y esto es todo, de la apasionante vida psicofónica. Lo prometo.

martes, 12 de octubre de 2010

El día que de repente fui minusválida

Optimism is the faith that leads to achievement; nothing can be done without hope.

Helen Keller (Optimism)

(Trad. "El optimismo es la fe que lleva al éxito; nada puede ser hecho sin esperanza". Me apunto este libro en mi lista de deseos)

Ahora voy a contar otro cuento de los míos, pero no de los que dan risa. Ni tampoco de los de llorar. De los "otros".

Breve, pero intenso. Las etiquetas han evolucionado mucho en poco tiempo. Antes era algo muy normalizado decir que una persona se había quedado paralítica. Hoy en día, la expresión ha caído en tal desuso, que produce risa floja. Subnormal no denotaba más que estar por debajo de la normalidad.

Hablo mucho de cuando era pequeña. Creo que en mi caso, es inevitable para poder entender lo que quiero expresar. Dicen mucho de conservar el niño interior y todas esas cosas. La mía debe estar en formol.
Para variar pues, cuando era niña, nunca me gustó la palabra "sorda". Había algo en esa sonoridad que me resultaba particularmente desagradable. O lo cerca que está de otras palabras con connotaciones desagradables: torda, torpe...

Pero no es ahí adonde quiero ir. No quiero hablar de la conveniencia o no de las etiquetas, ni de cómo deben usarse. Al fin y al cabo, no son más que cuestiones sin importancia.

No. Yo sólo venía a contar cómo, un día al lado de mi padre, sacando sus papeles del cajón de los papeles, donde no podíamos meter mano, leí la palabra: "Invalidez".

-¿Y qué es invalidez, papá?
-...eres tú... (mi padre, que de siempre es un emotivo, ya tenía los ojos llenos de agua)
-¿Soy inválida? ¿Porque no oigo?
-Sí, hija sí.
-¿Y eso es malo?
-No, no es malo, mujer, cómo va a ser malo... Si sólo es para los papeles...
-Ah...

Fue una breve conversación que recuerdo como ayer. Las cosas necesitan tiempo para digerirse.
Qué bien está hacerse mayor. Que uno aprende tantas cosas... no volvería a ser pequeña, la verdad.

Además, ahora no soy "inválida". Ahora soy "discapacitada". A mí plin, que cuelguen lo que quieran, que todo me queda bien.

Ahora, de propina para dormir, os dejo un vídeo, cortesía de Raven, como siempre. Le voy a nombrar support manager de este blog.




(Anda, y que tenga que ser de chopped...)

domingo, 10 de octubre de 2010

El síndrome Clark Kent

Algo básico en la mitología de los cómics es que cada superhéroe tiene su alter ego. Batman no es otro que Bruce Wayne, Spider-Man se llama Peter Parker. Cuando el personaje se despierta por las mañanas sólo es Peter Parker, tiene que ponerse un traje para convertirse en Spider-Man. Y ésa es la característica que hace de Superman algo único. Superman no se convirtió en Superman, sino que nació como Superman. Cuando se despierta cada mañana, es Superman. Su alter ego es Clark Kent. Y su traje, el que lleva esa enorme "S", es la prenda en la que estaba envuelto cuando lo encontraron los Kent siendo un bebe, ésa es su ropa, lo demás, las gafas, el traje azul, es su disfraz. Es un disfraz que Superman se pone para ser uno más de nosotros. Clark Kent es su visión de nosotros, ¿y cuáles son las características de Clark Kent? Es débil, no confía en sí mismo, es un cobarde. Clark Kent, Superman critica así a toda la raza humana. Igual que Beatrix Kiddo a la señora de Tommy Plympton.

Kill Bill Vol. 2
(Lo confieso, todo ha sido por poner esta pedazo de frase...)

Universe
Tú habla que yo te escucho

Real Name
Unrevealed

Identity
Secret

Citizenship
Universal

Place of Birth
Unrevealed

First Appearance
On 2009

Occupation Mad scientist





aka: la Mujer Biónica


Mis días en el economato están próximos a tocar a su fin. O al menos, en una parte importante. En un congreso nacional, me presentaron a una señora, de la que no recuerdo su nombre, creo que era de Gijón (si lee aquí... ¡manifiéstese!):

-¿Conoces a estas colaboradoras tan majas y guapas que tengo? (así es mi jefe, un día merece una entrada aparte), mira ésta es "NombrerealBiónica"...

-Síiii, ¡¡¡es la Mujer Biónica!!!, ¡pero no hemos sido presentadas!



Aunque las conclusiones me llevaron a pensar que fue una casualidad muy gorda, lo cierto es que me puse a pensar. De vez en cuando lo hago.

Haciendo recuento... hasta ahora, que yo sepa, sólo mi hermana A. sabe (y sobre todo porque me comportaba de forma muy extraña, ejem)... y mi hermana P. pues no lo tengo muy claro... pero bueno, de saber, a leerme... va un cacho.

Si alguno recuerda, tenía un pequeño dilema, sobre decirle a J. que tenía un blog o no. Porque claro, una cosa es que sospeche que soy friki, y otra que lo confirme. O que piense que no se me puede presentar en cualquier círculo social. Ya se sabe, las típicas dudas de cualquiera (¿he oído decir que alguien no?).

Pero el otro día...

-Te gusta escribir, ¿eh?
-Mmmmssí, me gusta, me gusta...
-¿Tienes un diario o algo así?
-Emmm... sssí, se podría decir que sí, pero no. (soy experta en circunloquios, lo sé)
-Ajá.
-Mmm...esquemiraverástengounacosaperonoquieroquepiensesquesoyfriki... vasapensarlolosé...
-A ver, sorpréndeme.
-Mmm... eeehhh... ji-ji. Tengo un blog.
-Jajaja, ¿sí? ¿se puede leer?
-¡NO!... Bueno, sí... no te critico, vamos. Pero prefiero que lo encuentres tú... No sé, sólo escribo chorradas, no te pienses...
-¡Seguro que está muy bien! ¡Me voy a poner a buscarlo!
-¡Una pista!
-Ups... Eeehhh..., bueno ¿quieres saber cómo me llaman? es bastante previsible, ¿eh?
-A ver, cómo.
-La mujer Biónica, jiji (pordior, qué ridícula me siento).

Temblando estoy.

Pero bueno, ya que esto de ir de incógnito tiene los días contados... hoy voy a hacer una excepción... y voy a subir mi imagen, para que el mundo entero la vea:


¿O qué pensabáis? Y las gafas son, porque yo-de-mi-vida-privada-no-hablo.

Ay, qué angustia.

PD: Los muñecos, los podéis hacer aquí. Y el enlace, es cortesía de Lorzagirl. Disfrútenlo todo.

jueves, 7 de octubre de 2010

Oídos enfermos

LLevas quince minutos repitiendo nombres... Toby. ¿Toby Wong?, ¿Toby Wong?, ¿Toby Wong?, ¿Toby Chan? El puto Charlie Chan. Tengo la polla de Madonna en mi oído izquierdo, y la chinita Toby nosequemás en mi oído derecho.

Reservoir Dogs
Esto de tener una otitis externa que hace que sea peligrosa para los demás -en serio, estoy desconocida-, me ha recordado otros tiempos en los que he tenido idas y venidas con la audición.

(Esto ya se lo he contado a J. es que como siempre dice que me repito... en realidad, todo es una maniobra para ver si me escucha realmente)

Momento presente:
Estoy recuperándome de una otitis externa, que ha hecho que se me salten las lágrimas y no de alegría, precisamente. Así que fui a ver a mi otorrino loco, así, sin cita ni nada. Pero de verdad que si no me hubiera dolido tanto, no molestaba...

(Inciso)
Otorrino loco es mi otorrino del seguro. No está loco, pero es un señor "peculiar", y yo ya le tengo mucho cariño. Aunque se le olvide apagar la luz frontal, cuando ya no está examinando, y te está explicando cómo tomar los medicamentos. Así, como haciéndote un cuarto grado, que me dan ganas de decirle: ¡sí! ¡soy culpable! ¡por favor, déjenme en paz!



(Fin del inciso)

Otorrino loco, es además de esas personas vehementes que cuesta que te dejen hablar -además de llevar los signos de exclamación pegados-. Como por ejemplo, la conversación de ayer:
-Mmmmpffhola, tengo una mmmpfotitis, mmmpfe mmmpfuele, no pued...
-¡Otitis! ¡Otra vez! ¡Ven para acá que te mire! (cogiendo de la oreja, y metiendo el instrumento de tortura)
-AYAYAYAYAYAYYYY... Agghss...

-¡MALA! ¡Te has andado! ¡Esto te lo has hecho tú! (dándome golpecitos en el hombro, como a los niños, ¡malo malo malo!)
-Mppfes que mmmpffme picaaa... yyy...
-¡MAL! ¡No te debes limpiar! (menuda invitación a ser cochina) ¡Tienes una otitis externaaaa! ¡Y eso es porque te has andado! ¡¿Mentiendesss?!
-Mppfe mppfuele buchooo... y...
-¡Pues me alegro de que te duela! ¡Bueno, es un decir! ¡Porque la naturaleza es sabiaaaaa... y si te duele, no te vas a andar! ¡Te vas a tomar esto! ¡Y vuelves en diez díaaaas!
-Aaghhs... amén. Gra-gracias...

Es un gran hombre. En serio.

Aún así, no ha conseguido que aguante una noche sin dormir. Para los que no sepan cómo es una otitis externa, diré que no acongoja tanto como un dolor de muelas, pero se le parece mucho. Sólo que es como a pulsos. Cuando parece que vas a poder dormir... ¡zasca! un pinchazo que parece que se te vaya a caer la oreja. Lo cual hace el asunto aún más irritante.
De ahí el estado de ánimo muerdeojos. Aunque es una faceta que ya ni recordaba, porque creo que sólo tuve otra vez y no tanto como ésta.

En realidad, la mayoría de las otitis que tengo son sin dolor alguno, pero me desconecto. Lo bueno es que es raro que suceda en los dos oídos a la vez. Voy asimétrica, pero bueno. Estoy acostumbrada.

De los dos oídos a la vez, es decir, quedarme sorda como una tapia, pero de las de verdad, recuerdo con ternura un par de veces. Y digo ternura, porque entre las mil recomendaciones médicas, estaba obligada a llevar un gorro para proteger los oídos del frío.


Y quedaba con un aspecto tal que así.

Entonces, mis amigas, cuando se olvidaban de mí -que era casi nunca, todo hay que decirlo-, me quedaba sentada en el banco cultivando la paciencia. Entonces aún no había salido South Park. Cuando descubrí a Kenny, me acordaba de mi desconexión total. Habría ido al pelo, porque tenía una pinta parecida.

-¡Ohdiosmío! ¡Han matado a Kenny!


Qué tiempos...

lunes, 4 de octubre de 2010

Por qué me ha dado por correr...(I)

¿Corriste hasta aquí?

Corre Lola, corre

(esto es muy largo, lo voy a partir en cachos para que no haya muertes súbitas entre los incautos que quieran leer...)
...cuando podría estar haciendo crochet, por ejemplo, que siempre he querido aprender. U otro tipo de actividades que solía tener antes como pintar. O dibujar. Algo como más sedentario, que la forma de cuatro la cojo bastante fácilmente.

Empecé a correr en otoño de 2007. Dicen que siempre hay una razón para empezar a correr. Entonces estaba muy cargada de emociones, y descubrí que corriendo, las dejaba atrás.

Corriendo, enfocaba la mente y me concentraba, y conseguía serenidad con algo tan sencillo (y tan difícil) como eso. Durante el día, pasaba los minutos en un caos mental bastante agotador. Correr, relaja una barbaridad. Por aquel entonces salía seis días a la semana, una media hora cada día.

Claro que, después de haber pasado casi toda la vida sin hacer deporte, las primeras veces que salí a correr, casi me muero. Me daba flato, me dolían las rodillas, los tobillos, se me caían los mocos, el corazón se me salía por la boca... hasta las encías me dolían (verídico), y encima me dolía hasta el orgullo de ver que hasta los viej... abuelitos, me pasaban.

Empecé así, a lo burro, en modo flagelación, lo que no es nada recomendable; el caso es que en aquel entonces, el dolor físico no me paró. Ahora, ni de coña lo repetiría.

Lo bueno de empezar en tan baja forma, es que sólo se puede mejorar. Entonces, con cabezonería, y el descubrimiento de la calma que produce correr, iba mejorando el fondo y la forma. Es agradable sentir cómo el cuerpo responde sin morirse cuando corres hacia el autobús.

Luego dejé de correr, y lo retomaba intermitentemente. La razón es que supongo que ya no necesitaba tanto de ello. No tenía un barullo de emociones tan grande como para escapar corriendo.
Ahora he vuelto con muchas ganas, J. es muy deportista, y en cierto modo aunque no hacemos deporte juntos, me motiva a ello.

Y al volver a correr, he comprendido que el mismo hecho de enfocar el pensamiento mientras corres, es como una especie de... sí, venga... es como una especie de yoga.

Prefiero correr en soledad. Probé a correr con J. y bien, pero creo que el enfoque cuando corres en grupo es más físico. Tu atención está más supeditada al ritmo que lleva el otro, en vez de a tu cuerpo, y a cómo te sientes. Correr solo es incluso un ejercicio mental en sí mismo.

También he de decir, que llevo más bien un trote cochinero, que me siguen pasando viej...abuelitos, gente que sale a correr por primera vez (hay que ver qué velocidad tienen los jodíos)... pero me importa poco. Procuro salir tres días a la semana y alternos, y prefiero darle tiempo a mi cuerpo a acostumbrarse a la carrera. A que se refuercen los músculos (ji) poco a poco. Y también, porque no me apetece sufrir por sufrir. Entonces sí que no duro ni dos días.

Procuro pasar una hora corriendo, aunque si no me apetece y a la tercera que intento autoconvencerme, sigue sin darme la gana, tampoco insisto. Eso de la fuerza de voluntad está muy sobrevalorado.


Mis compañeras de viaje.

Si surge, lo mismo me sale una segunda parte. Y una tercera... Corred, insensatos.

domingo, 3 de octubre de 2010

¿Qué no llevo en mi bolso?

John: ¿Cómo puedes tener tanta mierda en el bolso?
Claire: ¿Cómo puedes tener tú tantos ligues?
John: Yo he preguntado primero.
Claire: No lo sé... supongo que porque nunca tiro nada.
John: Pues yo tampoco.

El club de los cinco


Idea original en: http://mylaundryservice.blogspot.com/2010/09/petalos-bag.html.

Lo voy a hacer un poco más así como a lo guarro. O lo que es lo mismo, volcar el bolso y esparcir las cosas, para mostrar al mundo mis vergüenzas -eso y currarme una foto para que os hagáis un brain training con ella, buscando los números-.

Teóricamente, soy bastante ordenada, pero sin embargo, se ha comprobado empíricamente que en el espacio vacío de un bolso, la entropía aumenta de forma exponencial. Y el mío no iba a ser menos, aunque he de decir que lo he arreglado algo para la ocasión -quitando mil papeles arrugados, artículos científicos arrugados, y algún que otro pañuelo seco que he tenido que guardar, antes de que terminara mutando en mi mano. He observado que hay muy pocas papeleras en el mundo y se esconden en ese momento clave-.

Vamos allá:

(Enumerando objetos poco identificables)

1- Torundas para recogida de muestras microbiológicas. De esto que vas por la calle, y te paran, contándote que les ha salido algo "raro" (siempre es así), y para detenerle antes de que llegue a detalles demasiado escabrosos, con un "no te preocupes, no será nada, cógete una muestra si quieres que lo mire".
Y sí, he llevado microbios en el bolso, ahora que lo pienso...



2. La tesis. Bueno, en realidad es un disco duro de 160 GB, al que le llamo "La tesis". No sé si decir que es la tesis que ha visto más fiestas desde la oscuridad del bolso, porque la llevo a TODAS partes. Incluso le tengo un cierto cariño, que está personalizada con una calavera de gótica superficial. Es una de las facetas mías, sí.
a tesis tiene clones repartidos en varios ordenadores, con la regularidad que da la paranoia de ver acercarse el día D.

3. La Moleskine original. La compré en 2007, y aunque ahora he abandonado un poco la costumbre de escribir en ella, contiene frases que me llaman la atención, frases de películas, ponencias científicas, reflexiones idiotas, ponencias sobre ayuda al desarrollo... una época en la que aprendí un montón. Luego dejé de hacerlo.

4. Pañuelo palestino que no es palestino. Que por las noches refresca, y no se puede salir sin una rebequita. También llamado el pañuelo de "acabo de quemar un autobús". Pero me da igual, porque es mi preferido.

5. Gafas que me regalaron una noche de fiesta, no sé si por cansancio, o por conseguir que no volviera a repetir lo mucho que me gustaban esas gafas. En el fondo lo hago adrede. Son muy molonas, pero sólo son para hacer el payaso. Que es lo que me gusta.

6. Un libro. En esta ocasión, es excepcionalmente delgado. Como apunte de este libro en concreto, avisaros de que tiene unas faltas de ortografía para quedarse ciego. Una pena, he pensado escribir a la editorial, como lectora indignada, pero... tendría que estar fustigándome continuamente viendo las faltas, para coger las ganas de escribir a alguien.

7. La emisora FM.

8. Pendrives, es que como 160 GB es poco... Y desde que voy a congresos, hago colección.

9. La tarjeta con el PIN del móvil. La llevo desde que aterricé en Barcelona, encendí el móvil -como buena pasajera, lo apagué en el avión-, y me di cuenta de que se me había olvidado el PIN. Total para que luego me lo robaran me lo dejase olvidado en el baño de un bar de Barcelona. Fue un viaje especialmente "distraído". Me secuestraron la chaqueta unos guardas de seguridad, no sabía que me tocaba hablar en público, perdí el ratón del PC del trabajo... La verdad es que no sé ni cómo pude volver a casa.

10. El iPod con los cascos élficos para escuchar trenes.

11. Las pilas de los audífonos. Un día de estos tengo que hablar de las sintonías de mis audífonos. La sintonía "lapilasehagastado lalala", es especialmente irritante. Hace que dialogue con los audífonos, y todo.

12. Gafas para ver de lejos. Lo milagroso es que las orejas no se me asoplillen más. Podría entrar en un ránking de orejas forzudas, pero desde que la gente se hace dilataciones, se ha generado demasiada competencia.


Y sí, el bolso ha empezado a quejarse. Dentro del círculo verde, veréis la progresión. Pero hasta que no se me caiga en la calle, nada. Que es muy trabajoso hacer cambio de bolso, y siempre falta algo vital.

Y por supuesto, tengo millones de bolsos. Superficial que es una. Y abro nueva etiqueta para esto, creo que voy a repetir, me ha gustado. Se llama "Insustancialidades".