domingo, 20 de febrero de 2011

Tragicomedia ciclotímica (acto I)

Me llamo Ángela, me van a matar.

Tesis


Casi que podía declarar el blog cerrado por tesis. Pero bueno, que luego de vez en cuando me apetece volver y a ver cómo me justifico en la contradicción. Porque lo que he notado en esto de escribir la tesis es que estoy desarrollando una ciclotimia galopante. Ahora tengo ganas de llorar, ahora me parto el churro, ahora por mi tesis MA-TO, ahora tengo ganas de dedicarme a, no sé, a tener un huerto... Y voy a escribir un post ciclotímico. Como yo.

No lloréis porque es OTRA de ésas entradas. Yo también lo hago.

Una de las cosas que me he dado cuenta escribiendo la tesis es que he vuelto a mis años de estudiante desgraciada. En mis años de estudiante desgraciada yo era un drama que se sentaba a estudiar diez horas seguidas sin descanso (tengo mi culo impreso en una silla por mi casa). Aparte de eso, era incapaz de sentarme diez horas sin empezar a autolesionarme, lo que incluía rascarme la cabeza buscando las ideas (esto me pasa por tener una cabeza tan grande, se me dispersan mucho) hasta hacerme sangre, y tener miles de heriditas en la cabeza. Que volvía a levantar una y otra vez. Disculpen lo gore del asunto.

Y luego iba a la peluquería, y mi hermana cuando me cortaba el pelo y veía la masacre perpetrada, no creáis que le apenaba, no. Ella misma me hacía terapia de aversión dándome golpes con el peine cuando las encontraba.

-¡¡¡AAAAUUU!!! ¿¿Pero qué haces?? ¡Eso duele!
-Pues (golpe) no (golpe) te (golpe) hagas (golpe) esta (golpe) porquería (remate). Mereces quedarte calva (golpe maestro).

De los tiempos de agonía estudiantil desarrollé la otra afición asquerosa que tengo que es la de mondarme los dedos. Que podían darme un pelapatatas y acabar ya con ello. Cuando están bien, tengo los dedos rositas, porque ya no me sale ni melanina, porque total, si lo va a arrancar en cuanto tenga una crisis de aburrimiento, estrés, concentración (me acabo de dar cuenta de que riéndome es uno de los momentos que no me da por pelarme los dedos), es absurdo hacer melanina para esto. Así que ya sabéis una cosa mas. Tengo dedos rositas.

Y esto viene a cuento de la película que no voy a decir cómo he visto, amparándome en la Sinde-cencia. Que puedo ser tonta pero no idiota (grandiosa frase de mi hermana P. por cierto).


Ah, la peli. Esto de la ciclotimia me está dejando la memoria un poco a lo Dory.

Bueno, pues vi la de Cisne Negro. Voy a ver cómo lo cuento sin espoilear demasiado. Va de una bailarina muy perfeccionista que se autolesiona. Ya está. No digo más, porque es lo único que necesito.
La idea de castigarse para llegar a la perfección me trae a la mente a mi mejor amiga. La voy a llamar Rubia (porque lo es), no es nada original, pero no hay como ser rubia para que el resto de características pase a cuarto plano. Salvando muchísimas diferencias porque principalmente, Rubia (¡spoiler!) no está majarona como la de la peli (fin del spoiler).

Así que voy a contar la historia (por capítulos como ya es tradición) de cómo llegué a ser una estudiante maridramas.

Empezaré por el principìo. Cuando iba al colegio, allá por el Pleistoceno, estuve muy perdida mucho tiempo. De repente, pasamos de jugar con bloques de madera, y que me riñeran por dejar sordos al resto de los niños a golpe de bloques, a reñirte por no saber hacer los ejercicios. Así que ¿qué hice?. Pues adaptarme copiar las respuestas a los de al lado.

Cuando me pillaban, me echaban de clase al pasillo. Puedo decir con orgullo que he chupado más pasillo que ningún niño de la EGB. Y así fue como conocí a Rubia. Pero era una niña tan repelente responsable que no me dejaba copiar y ponía el brazo para impedirme ver cómo hacía los ejercicios. Nunca se me olvidará aquella vez que la pequeña cabrona me dijo 'No me copies' en un tono que no hacía presagiar para nada la amistad que vendría años más tarde.

Pero sin rencores ¿eh?. Aunque recuerde el sudor frío cada vez que había que hacer un ejercicio porque 'me he perdido algo, ay madre, me he perdido algo, voy a ir al pasillo ya lo verás, ay cómo es esto, ay mi madre me mata'. Entonces no lo sabía pero tenía un buen retraso educativo del que no fui consciente hasta muchos años después. Ah, qué bien sienta crecer.

Por ejemplo yo no supe hasta muy tarde (no quiero decir cuánto de tarde) leer la hora en un reloj digital. Sin embargo recuerdo el recreo que me castigaron a quedarme en clase a hacer bien el ejercicio, que finalmente me chivó el tonto de la clase (esto son las cosas del bullying, no vayáis a pensar).

Con cosas como aquella, y que me sacaran de clase cada dos por tres para ir a clases de apoyo con el autista, el tonto de la clase, el que no pronunciaba bien la R (y que finalmente tuvieron que operar del frenillo de la lengua), me daba que pensar. Y pensaba. Pensaba que algo no iba bien conmigo. Y que igual sí que era retrasada mental. No, esto no es broma.

Pero esto es historia para otro día, que es muy largo de contar.

PD: Me disculpo por no contestar los comentarios como siempre, intentaré contestarlos en la medida del tiempo que disponga, que es escaso, mientras tanto... ¡muchas gracias y mucha suerte!


martes, 8 de febrero de 2011

El día que torré a la gente y me dio para dos post (tres, y ya, lo prometo)

Yo no sé si mamá tenía razón o si la tiene el teniente Dan, yo no sé si todos tenemos un destino, o si estamos flotando casualmente como en una brisa... pero yo creo que pueden ser ambas, puede que ambas estén ocurriendo al mismo tiempo.

Forrest Gump

Y decíamos ayer...
Vale, que no era ayer, fue hace tanto tiempo, que me ha costado hasta encontrar la primera, y la segunda parte. Eso sí, no os acostumbréis.

¿Cómo era todo?
Ah sí, que en realidad no quedaba tanto de charla..


-Ahora, ya que sois PAS (Personal de Administración y Servicios), de las facultades voy a aprovecharme un poco de la charla. Os he puesto una foto. La pareja que sale son Alexander Graham Bell y Helen Keller. Bell, como sabéis (y si no, ya os lo digo yo), es el inventor del teléfono, y Helen Keller fue una activista y una mujer extraordinaria que era sordociega. Os he puesto esta foto... porque ya os he comentado antes, creo, lo realmente difícil que puede ser para nosotros hablar por teléfono, ¿no?. Pues ironías de la vida, Bell inventó el teléfono precisamente para ayudar a las personas sordas. La mujer de Bell era sorda, así que el hombre tendría buena intención, pero todavía es el día en que los teléfonos... como que muy mal.
Esto es muy importante; a mí me han llamado muchas veces de la facultad, y más veces todavía, he tenido que recurrir a terceras personas para que me atendieran la llamada, dado que era imposible para mí entender nada. Esto hace unos años antes de la llegada de Internet, y el correo electrónico tenía su sentido. Ahora, sinceramente, pudiendo escribirle un correo electrónico a la persona sorda en cuestión... es una liberación para nosotros. Nos da autonomía, incluso. Así que aprovecho para recalcaros la importancia de esto, siempre que conozcáis la discapacidad del alumno.
A menudo se tiende a pensar aún en el teléfono como un canal de mayor inmediatez que el e-mail. No es el caso de la persona sorda. Por e-mail es una comunicación rápida, autónoma y sobre todo independiente. Por favooor, tenedlo en cuenta (poniendo ojitos).


-Y bueno, con este par de frases, doy por terminada la charla. ¡Muchas gracias por su atención!

Terminé, y había una mujer llorando. ¿Tan mala fue? pienso. No hubo turno de preguntas, hasta un rato más tarde. Me preguntaron sobre la emisora, sobre cómo lo hacía antes... y cuando me miraba la mujer, rompía a llorar. Qué angustia. Al final me dijo que prefería hablar conmigo en privado, que se emocionaba entera, y quería preguntarme mil cosas, y no podía. Joder.

Tenía un hijo sordo. El niño tenía siete años, lo habían implantado de un oído. Era una madre con muchos miedos. Me enorgulleció (para qué nos vamos a engañar) que me dijera que sentía alivio al verme, porque representaba la confirmación de que su hijo podría. Me estuvo preguntando muchas cosas, intenté contestar lo mejor que pude, intenté devolverle tranquilidad.

Y le recordé que detrás de una persona sorda, hay muchas más que han construido el camino. Y que todo... sale bien.

The most important day I remember in all my life is the one on which my teacher, Anne Mansfield Sullivan, came to me. I am filled with wonder when I consider the immeasurable contrasts between the two lives which it connects. It was the third of March, 1887, three months before I was seven years old.
Helen Keller

PD: Se me olvidaba. Tenéis al lado una cosica de pregunticas. El Formspring. Pregunta. Y si eso, a lo mejor se te responde.