Me llamo Ángela, me van a matar.Tesis
Casi que podía declarar el blog cerrado por tesis. Pero bueno, que luego de vez en cuando me apetece volver y a ver cómo me justifico en la contradicción. Porque lo que he notado en esto de escribir la tesis es que estoy desarrollando una ciclotimia galopante. Ahora tengo ganas de llorar, ahora me parto el churro, ahora por mi tesis MA-TO, ahora tengo ganas de dedicarme a, no sé, a tener un huerto... Y voy a escribir un post ciclotímico. Como yo.
No lloréis porque es OTRA de ésas entradas. Yo también lo hago.
Una de las cosas que me he dado cuenta escribiendo la tesis es que he vuelto a mis años de estudiante desgraciada. En mis años de estudiante desgraciada yo era un drama que se sentaba a estudiar diez horas seguidas sin descanso (tengo mi culo impreso en una silla por mi casa). Aparte de eso, era incapaz de sentarme diez horas sin empezar a autolesionarme, lo que incluía rascarme la cabeza buscando las ideas (esto me pasa por tener una cabeza tan grande, se me dispersan mucho) hasta hacerme sangre, y tener miles de heriditas en la cabeza. Que volvía a levantar una y otra vez. Disculpen lo gore del asunto.
Y luego iba a la peluquería, y mi hermana cuando me cortaba el pelo y veía la masacre perpetrada, no creáis que le apenaba, no. Ella misma me hacía terapia de aversión dándome golpes con el peine cuando las encontraba.
-¡¡¡AAAAUUU!!! ¿¿Pero qué haces?? ¡Eso duele!
-Pues (golpe) no (golpe) te (golpe) hagas (golpe) esta (golpe) porquería (remate). Mereces quedarte calva (golpe maestro).
De los tiempos de agonía estudiantil desarrollé la otra afición asquerosa que tengo que es la de mondarme los dedos. Que podían darme un pelapatatas y acabar ya con ello. Cuando están bien, tengo los dedos rositas, porque ya no me sale ni melanina, porque total, si lo va a arrancar en cuanto tenga una crisis de aburrimiento, estrés, concentración (me acabo de dar cuenta de que riéndome es uno de los momentos que no me da por pelarme los dedos), es absurdo hacer melanina para esto. Así que ya sabéis una cosa mas. Tengo dedos rositas.
Y esto viene a cuento de la película que no voy a decir cómo he visto, amparándome en la Sinde-cencia. Que puedo ser tonta pero no idiota (grandiosa frase de mi hermana P. por cierto).
Ah, la peli. Esto de la ciclotimia me está dejando la memoria un poco a lo Dory.
Bueno, pues vi la de Cisne Negro. Voy a ver cómo lo cuento sin espoilear demasiado. Va de una bailarina muy perfeccionista que se autolesiona. Ya está. No digo más, porque es lo único que necesito.
La idea de castigarse para llegar a la perfección me trae a la mente a mi mejor amiga. La voy a llamar Rubia (porque lo es), no es nada original, pero no hay como ser rubia para que el resto de características pase a cuarto plano. Salvando muchísimas diferencias porque principalmente, Rubia (¡spoiler!) no está majarona como la de la peli (fin del spoiler).
Así que voy a contar la historia (por capítulos como ya es tradición) de cómo llegué a ser una estudiante maridramas.
Empezaré por el principìo. Cuando iba al colegio, allá por el Pleistoceno, estuve muy perdida mucho tiempo. De repente, pasamos de jugar con bloques de madera, y que me riñeran por dejar sordos al resto de los niños a golpe de bloques, a reñirte por no saber hacer los ejercicios. Así que ¿qué hice?. Pues adaptarmecopiar las respuestas a los de al lado.
Cuando me pillaban, me echaban de clase al pasillo. Puedo decir con orgullo que he chupado más pasillo que ningún niño de la EGB. Y así fue como conocí a Rubia. Pero era una niña tanrepelente responsable que no me dejaba copiar y ponía el brazo para impedirme ver cómo hacía los ejercicios. Nunca se me olvidará aquella vez que la pequeña cabrona me dijo 'No me copies' en un tono que no hacía presagiar para nada la amistad que vendría años más tarde.
Pero sin rencores ¿eh?. Aunque recuerde el sudor frío cada vez que había que hacer un ejercicio porque 'me he perdido algo, ay madre, me he perdido algo, voy a ir al pasillo ya lo verás, ay cómo es esto, ay mi madre me mata'. Entonces no lo sabía pero tenía un buen retraso educativo del que no fui consciente hasta muchos años después. Ah, qué bien sienta crecer.
Por ejemplo yo no supe hasta muy tarde (no quiero decir cuánto de tarde) leer la hora en un reloj digital. Sin embargo recuerdo el recreo que me castigaron a quedarme en clase a hacer bien el ejercicio, que finalmente me chivó el tonto de la clase (esto son las cosas del bullying, no vayáis a pensar).
Con cosas como aquella, y que me sacaran de clase cada dos por tres para ir a clases de apoyo con el autista, el tonto de la clase, el que no pronunciaba bien la R (y que finalmente tuvieron que operar del frenillo de la lengua), me daba que pensar. Y pensaba. Pensaba que algo no iba bien conmigo. Y que igual sí que era retrasada mental. No, esto no es broma.
Pero esto es historia para otro día, que es muy largo de contar.
PD: Me disculpo por no contestar los comentarios como siempre, intentaré contestarlos en la medida del tiempo que disponga, que es escaso, mientras tanto... ¡muchas gracias y mucha suerte!
No lloréis porque es OTRA de ésas entradas. Yo también lo hago.
Una de las cosas que me he dado cuenta escribiendo la tesis es que he vuelto a mis años de estudiante desgraciada. En mis años de estudiante desgraciada yo era un drama que se sentaba a estudiar diez horas seguidas sin descanso (tengo mi culo impreso en una silla por mi casa). Aparte de eso, era incapaz de sentarme diez horas sin empezar a autolesionarme, lo que incluía rascarme la cabeza buscando las ideas (esto me pasa por tener una cabeza tan grande, se me dispersan mucho) hasta hacerme sangre, y tener miles de heriditas en la cabeza. Que volvía a levantar una y otra vez. Disculpen lo gore del asunto.
Y luego iba a la peluquería, y mi hermana cuando me cortaba el pelo y veía la masacre perpetrada, no creáis que le apenaba, no. Ella misma me hacía terapia de aversión dándome golpes con el peine cuando las encontraba.
-¡¡¡AAAAUUU!!! ¿¿Pero qué haces?? ¡Eso duele!
-Pues (golpe) no (golpe) te (golpe) hagas (golpe) esta (golpe) porquería (remate). Mereces quedarte calva (golpe maestro).
De los tiempos de agonía estudiantil desarrollé la otra afición asquerosa que tengo que es la de mondarme los dedos. Que podían darme un pelapatatas y acabar ya con ello. Cuando están bien, tengo los dedos rositas, porque ya no me sale ni melanina, porque total, si lo va a arrancar en cuanto tenga una crisis de aburrimiento, estrés, concentración (me acabo de dar cuenta de que riéndome es uno de los momentos que no me da por pelarme los dedos), es absurdo hacer melanina para esto. Así que ya sabéis una cosa mas. Tengo dedos rositas.
Y esto viene a cuento de la película que no voy a decir cómo he visto, amparándome en la Sinde-cencia. Que puedo ser tonta pero no idiota (grandiosa frase de mi hermana P. por cierto).
Ah, la peli. Esto de la ciclotimia me está dejando la memoria un poco a lo Dory.
Bueno, pues vi la de Cisne Negro. Voy a ver cómo lo cuento sin espoilear demasiado. Va de una bailarina muy perfeccionista que se autolesiona. Ya está. No digo más, porque es lo único que necesito.
La idea de castigarse para llegar a la perfección me trae a la mente a mi mejor amiga. La voy a llamar Rubia (porque lo es), no es nada original, pero no hay como ser rubia para que el resto de características pase a cuarto plano. Salvando muchísimas diferencias porque principalmente, Rubia (¡spoiler!) no está majarona como la de la peli (fin del spoiler).
Así que voy a contar la historia (por capítulos como ya es tradición) de cómo llegué a ser una estudiante maridramas.
Empezaré por el principìo. Cuando iba al colegio, allá por el Pleistoceno, estuve muy perdida mucho tiempo. De repente, pasamos de jugar con bloques de madera, y que me riñeran por dejar sordos al resto de los niños a golpe de bloques, a reñirte por no saber hacer los ejercicios. Así que ¿qué hice?. Pues adaptarme
Cuando me pillaban, me echaban de clase al pasillo. Puedo decir con orgullo que he chupado más pasillo que ningún niño de la EGB. Y así fue como conocí a Rubia. Pero era una niña tan
Pero sin rencores ¿eh?. Aunque recuerde el sudor frío cada vez que había que hacer un ejercicio porque 'me he perdido algo, ay madre, me he perdido algo, voy a ir al pasillo ya lo verás, ay cómo es esto, ay mi madre me mata'. Entonces no lo sabía pero tenía un buen retraso educativo del que no fui consciente hasta muchos años después. Ah, qué bien sienta crecer.
Por ejemplo yo no supe hasta muy tarde (no quiero decir cuánto de tarde) leer la hora en un reloj digital. Sin embargo recuerdo el recreo que me castigaron a quedarme en clase a hacer bien el ejercicio, que finalmente me chivó el tonto de la clase (esto son las cosas del bullying, no vayáis a pensar).
Con cosas como aquella, y que me sacaran de clase cada dos por tres para ir a clases de apoyo con el autista, el tonto de la clase, el que no pronunciaba bien la R (y que finalmente tuvieron que operar del frenillo de la lengua), me daba que pensar. Y pensaba. Pensaba que algo no iba bien conmigo. Y que igual sí que era retrasada mental. No, esto no es broma.
Pero esto es historia para otro día, que es muy largo de contar.
PD: Me disculpo por no contestar los comentarios como siempre, intentaré contestarlos en la medida del tiempo que disponga, que es escaso, mientras tanto... ¡muchas gracias y mucha suerte!



