martes, 25 de octubre de 2011

Aislamiento social

Verás, el mundo se divide en dos categorías; Los que tienen el revolver cargado y los que cavan.

El Bueno, el Feo y el Malo

Vivimos tiempos interesantes. Tanto que para estar al día, me hice un Facebook. Como todos, porque no tenía ni idea de lo que era Facebook. Y enseguida vi que Facebook es como una especie de "Sálvame de Luxe" en el que los protagonistas de las historias son los "faceamigos" y uno se entera de quién está con quién -información es poder-, qué es del compañero cabrón del colegio -para valorar lo lejos que hemos llegado en la vida-, sabe que el estatus amoroso del bollo de la facultad "es complicado" -éste me encanta-... vamos, lo que mueve la humanidad y cambia el mundo.
Pero ya que no podía gestionar tanta novedad, me quité Facebook -en realidad, me fui presagiando que lo del Farmville era una de las cosas que podían obsesionarme, porque tenía animalitos dada su sencillez-, y me hice un Twitter.

Y me acostumbré a lo malo. A estar informada de todo lo destacable antes que nadie. Sí, de cosas como la #bodadeladuquesa o #turismobisbal. Esto no tendría ninguna importancia si no fuera como soy. Sorda, eso. Y despistada un poco, también.
Por supuesto, que me hubiera enterado de la existencia de este vídeo hace unos meses, no tiene nada que ver. Si lo veo y me muero de risa me parece obsoleto -al listado de palabras que me hacen gracia que va-.
Y es que ahora que ya me había acostumbrado a enterarme la última -o no enterarme, que también- en momentos significativos como el #15M estaba más informada que ninguno de mis amigos, sabía las horas de las manifestaciones, los lugares que recorrían y les enviaba panfletos y enlaces chupis y asombrados me preguntaban:
-¿Y cómo sabes todo esto?
-Es que tengo Twitter, jiji...

El poder de la información es muy adictivo. Sobre todo cuando uno lleva desinformado o informado a destiempo desde 1981. Ahora comprendo mejor a los de "El Mundo".
Cosas positivas de la desinformación: me dedicaba a leer todo el tiempo. La desinformación ha hecho de mí una lectora compulsiva -¿he dicho que ya voy por la mitad del segundo de Juego de Tronos, desde el 7 de octubre? sí, por eso tampoco escribo aquí-.
Cosas negativas de la desinformación: claro que me podía haber dado por leer periódicos, pero carecen de trama que se resuelva en un ejemplar. Y lo de comprar todos los días el periódico para terminar con la misma sensación de cliffhanger o peor aún, ¡que descubrieras que la noticia por entregas que estabas siguiendo quedó reemplazada por otras! me parecía un poco timo y encontraba más gratificante ser un ratón de biblioteca.
Así tenía una cantidad de conocimientos Curiosos Pero Inútiles -en esto me parecía a mi abuelo, sólo que él era en versión radiofónica y se empeñaba en preguntarte si sabías cuántos habitantes tenía China o cualquier otro lugar perdido... sospecho que para jugar a la patata caliente, o algo-.

Pero mi vida dio un vuelco cuando llegaron los subtítulos a la tele. Después me han seguido dando vuelcos, por unas u otras razones. Aprendes rápido que el "directísimo"subtitulado no existe... son los padres. Luego aprendes que eso sólo es aquí, porque en otros lugares respetan más a sus minusválidos en vez de despeñarlos por la ladera, con subtitulado casi simultáneo de -por ejemplo- la carrera de la Fórmula 1 -que como todo el mundo parece saber, es mucho más interesante ver dar vueltas mientras te abrasa Lobato. Eso me han dicho-.

Y digo, despeñar por la ladera, sí. Qué bruta. Bueno, no será exactamente así, pero después de saber lo que es poder informarse de todo a la vez que los demás, poder comentar las cosas a la vez y no con una semana de retraso -esto se parece demasiado a los chistes explicados... pierde toda su gracia-, da mucha rabia comprobar que seremos ciudadanos de segunda. Y eso, los que nos enteremos (le estoy cogiendo gustillo al verbo) de que lo somos, de que nos estamos perdiendo algo.

Los recortes nos afectan a todos, está claro. Pero hay dos tipos de recortes muy determinantes. Uno de ellos, y del que voy a hablar, es el de la información. El otro me lo guardo para otro post.
Ya lo dijo bien claro Kant con esta frase:
"Not being able to see, isolates you from objects. Not being able to hear, isolates you from people"
Y sin embargo, uno se pregunta cuántas voces hacen falta para que no nos nieguen el derecho a informarnos en directo, qué minoría somos, y qué escaso peso tenemos cuando hay información que uno no quiere ni puede esperar a recibirla. El domingo pasado, se me llenaron los ojos de rabia al comprobar que el programa "Salvados" de La Sexta no estaba subtitulado. Seguramente rompió el "share" en Euskadi. Todos los vascos estaban pendientes. Y digo, estaban. A los sordos vascos, no nos dejaron.
-En la web igual está subtitulado...
-NUNCA está subtitulado.
Y es que NUNCA está subtitulado el directo, ni los vídeos emitidos en mainstream (y ahora miro a ETB2), ni la mayor parte de la programación de la autonómica (ETB2, y no hablemos ETB1 en euskera), y ahora es una moda creciente el uso de podcast, y escuchar las columnas que antes se leían (como las de Mi Mesa Cojea) y así, podría seguir hasta aburrirme. Que ya me he aburrido.
Y sí, señalo -y sólo son unos pocos-. Porque me he cansado. Me he cansado también de la respuesta "No hay dinero". Nadie ve que el efecto es devastador. Hay una parte de la población no desdeñable a la que no llegáis. Vivimos de lo que otros nos quieren y pueden contar. Y uno se pregunta qué ironía que la nayoría oyente aplauda en silencio en Lengua de Signos, cuando ni siquiera nos pueden contar qué está pasando y qué están diciendo.

Da igual lo que hagamos. Me vuelvo a mi libro. No todos los sordos tienen eso.