martes, 21 de febrero de 2012

(Casi) todo lo que quiso saber de la lengua de signos y no se atrevió a preguntar

¿Has intentado... no ser mutante?

(X-Men 2)

Este es un post de una persona sorda para las personas oyentes.

Aunque me considero "multidisciplinar" y creo que reducirme(nos) únicamente a la etiqueta "persona sorda" obvia muchas más partes de mi(nuestra) persona, es innegable que la sordera tiene un gran peso en mi vida y que incluso condiciona mi personalidad.
Está cada día presente en mi vida, de una manera u otra, y nunca habrá un día en que me acueste sin sentir que soy sorda.



Y que necesito que me hiervan el agua, según las instrucciones...



Y también que algunos servicios funcionen correctamente para proteger mi salud mental...

En suma, es difícil en una sociedad oyente no recordar que eres sordo. Y sin embargo, para la sociedad oyente es difícil recordar que hay sordos. Y conocerlos, es aún más difícil. Por lo tanto, uno de los objetivos de este blog es dar a conocer esta pequeña parte que está entre vosotros, esa que no devuelve los saludos cuando les dices ¡hola!, esos "sordomudos" que hablan con las manos, esos que hablan raro, y esos raros que se encierran en sí mismos.

Lo hago hoy, con la temática de la lengua de signos, puesto que un comentario en Twitter me hizo saltar la alarma de que realmente se conoce poco sobre este idioma. No tienen lugar en este post ningún tipo de crítica al autor del tuit, puesto que creo que se entiende perfectamente que ese comentario nace de la ignorancia y no de la intolerancia (cuento con su permiso copyleft para reproducirlo). Así que sed buenos, y no os liéis a despellejar. No tiene lugar. Si acaso, tenéis a esta otra.

Intentaré ser muy descriptiva.

laquintacolumna (@laquintacolumna)
21/02/12 01:18
Traducir una canción a la lengua de signos me parece una tontería nivel traducir una fotografía al braile...¿Los sordos no saben leer?

¿Por qué no es una tontería?

Por tres (extensas) razones:

1. La lengua de signos constituye un idioma, y no se reduce únicamente a un vehículo de comunicación entre, o para ayudar a sordos. Constituye una lengua reconocida por el Estado (ojo, dije lengua, no lenguaje...). Dado que su ámbito de uso es bastante limitado, se entiende que mucha gente tenga una visión del "lenguaje" de signos como algo reductista y utilitario.
¿Por qué constituye un idioma y no un lenguaje?
Según la Wikipedia:
Idioma
(del latín idiōma, y éste del griego ιδίωμα, "peculiaridad", "idiosincrasia", "propiedad") o lengua, es un sistema de comunicación verbal o gestual propio de una comunidad humana.
En este caso, la comunidad sorda principalmente aunque no se restringe únicamente a ellos (y como veis, la Wikipedia incluye sistemas de comunicación GESTUAL).
Se llama lenguaje (del provenzal lenguatgea y este del latín lingua) a cualquier tipo de código semiótico estructurado, para el que existe un contexto de uso y ciertos principios combinatorios formales.
Llamar a la lengua de signos "lenguaje", supone en mi modesta opinión reducirla a un simple código de comunicación.

2. Existe un alto grado de analfabetismo funcional entre la comunidad sorda, lo que se traduce en que saben leer y escribir pero tienen dificultades para comprender vocabulario o estructuras complejas (esas subordinadas que todos nos conocemos). Por lo tanto, traducir una canción a lengua de signos, si bien, principalmente constituye el mismo tipo de acto que traducir una canción del inglés al catalán, por ese lado también podríamos incluir a la comunidad sorda que por sus propias dificultades no le resulta accesible una determinada canción.
(Entendiendo accesibilidad como la capacidad de llegar a un determinado contenido).

3. Es posible "cantar" en lengua de signos. Sí, es una lengua que carece de tiempos verbales compuestos (descritos simplemente como "ayer", "hoy", "mañana", pasado, presente y futuro), y sí, es una lengua que carece de lenguaje escrito, pero me atrevería a decir que es incluso un idioma libre de las cosas superfluas. Transmite, expresa y siente.
A menudo suelo decir que cuando se empieza a aprender lengua de signos, al principio sólo se mueven torpemente las manos (en descriptores de signos que suelen ser muy gráficos y visuales), y a medida que va avanzando nuestro conocimiento, aprendemos a puntuar con la cara. Sí, es la cara la que lleva los signos de puntuación, interrogación, exclamación y un amplio abanico de emociones que se representan incluso mejor que escribiendo.
Se puede signar representando por ejemplo esta parte de un guión imaginario:

(Mirando tristemente, pregunta)-Y entonces, ¿cuándo te vas a marchar?

Y a medida que pasa el tiempo, un día te das cuenta de que no sólo son la cara y las manos las que expresan y comunican, también lo hace tu cuerpo. Eso que conocéis como "lenguaje no verbal" es un mundo mucho más rico del que imagináis. Que tu cuerpo se encoja o se active según lo que estás relatando o estás sintiendo. Tu cuerpo comunica. Los que bailen, probablemente comprendan bien este concepto.

Por lo tanto, signar una canción es a bailar lo que andar es a la lengua de signos. O si lo preferís, es a cantar lo que a hablar.




Si tenéis curiosidad por algún aspecto más de la lengua de signos (esto es sólo superficial) adelante en los comentarios, o sugerencias para próximos posts.

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Espero...

domingo, 12 de febrero de 2012

Lo-que-no-debe-ser-nombrado (créditos)

- Gracias por contarme la historia
- De nada. Pero olvidé contarte el final feliz
- ¿ Cuál es?
- Tú

(Definitivamente, quizás)

Existen determinados sucesos "felices" en la vida que algunas personas usan para marcar el final de una etapa y el inicio de otra. Aunque el carácter de la vida es propiamente cíclico, la gente a menudo suele contemplar las bodas como el punto de inflexión que marcan tales etapas. Por lo menos, los que se casan por motivos no puramente económicos, lo que siempre suelo escucharles es que les emociona juntar a toda su gente en un día especial para ellos. Yo quiero creer que esto es así, aunque me suelen decepcionar bastante cuando en el momento que les plantan un micrófono -o un megáfono, dependiendo del nivel de animalismo de la boda (yo siempre voto por el megáfono, todo a lo grande)- el más "atrevido" de la pareja suelta un tímido "Gracias a todos por venir".

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Pues vaya.

Entiendo que hablar en público no siempre es fácil... pero es tu familia, creo que no van a organizar un banquete caníbal por lo malo de tu discurso. Aparte de una costumbre muy inglesa -soy muy fan-, creo que si verdaderamente sientes aprecio y afecto por tus allegados, puede ser un momento bueno para expresarlo. Ya que la cotidianidad y la creencia de que siempre hay tiempo para ponerse pastelosos dinamita el intento de encontrar una circunstancia adecuada sin parecer un enajenado mental peligroso -creepy-, tanto más necesario me parece aprovechar las excusas o convenciones sociales que permiten los pequeños excesos de afecto -diosmío, ¿qué hemos hecho?-.

Si bien, la vida del becario no está exenta de frustraciones, hay un aspecto que resulta bastante provechoso y es el capítulo "Agradecimientos" de su tesis doctoral. Probablemente sea el único capítulo que no ha sufrido tijera -aunque por alguna extraña convención no escrita, nunca sobrepasa las dos páginas- ni grandes modificaciones, excepto las recomendaciones de tus jefes para que no te olvides de gente de la que sí te olvidarías -y si puedes encerrarlos y tirar la llave tanto mejor- y te hace ocupar una página entera, apretando a los que te importan en una página.

Me diréis que a ver en qué se parece eso a una boda. Pues en nada, pero tiene lo mejor, o por lo menos lo que debería de tener:

Imagen de aquí (Jorge Cham)

A mí ya no me hace falta casarme para ponerme creepy. Ya lo he hecho, y ha conseguido pasar inadvertidamente por todos y me dejan ir con ellos a sitios públicos.

Así que, aquí os dejo un extracto de mi capítulo de agradecimientos, la parte que a la vez, más y menos me costó escribir, y la parte que hasta ahora me hace estar en paz con todos ellos. Tambiébn va para vosotros, los que me leéis, los que me habéis leído, los que me habéis dado ánimos... no me olvido de nada.

¿Quieres saber cómo lo conseguí?

Así es como lo conseguí: jamás me reservé fuerzas para la vuelta.

Gattaca (1997)


Una vez me preguntaron cómo había logrado hacer tantas cosas contra todo pronóstico y

teniendo una desventaja tan evidente. Mi respuesta fue que, detrás de mí, hay un montón de

personas que han logrado que fuera posible. Por ello, quiero dar gracias todos los que me

habéis ayudado a estar aquí, al final de esta etapa.

Como no podía ser de otra manera, tengo que agradecer a personas ajenas a la investigación,

que aunque les cueste explicar qué es lo que hago exactamente, han alimentado el fondo de

este proyecto y son los que han hecho que hoy esté aquí.

A mis amigas (del alma), a M, gracias por unos Plastidecor de colores (tú lo entenderás),

que es casi como decir gracias por una vida juntas. A C, mi tocaya en tantas cosas aparte del

nombre, sin tu ayuda esto hubiera sido más difícil. Por comprenderme sin palabras, gracias a

las dos.

A mi primo-amigo-medio hermano, R, gracias por el apoyo incondicional, esa empatía

única y tener la cuadrilla tan maja que me adoptó.

A los nuevos amigos que os habéis ido sumando, gracias a R, a V, a las chicas del

txoko (a los chicos también), por revalidarme el sentido de la amistad y darme diversión.

Gracias.

A mi familia, por tener ese increíble orgullo de mí que me hace ser más fuerte. A mi hermana

A, por ser el modelo de lo que soy hoy. A mi hermano E, por inspirarme siempre

serenidad y confianza en que todo me irá bien. A mi hermana P, por hacerme cambiar a

mejor, por darme fuerza y por esa alegría de la que no me importa contagiarme nunca.

A J, que llegaste al final de todo esto, más vale tarde que nunca, gracias por la paciencia y la

paz que me transmites. Por saber ser compañero y amigo, todo es más fácil si estás

escuchándome.

Y por último, gracias a mi padre, su orgullo nunca le hizo dudar de mí y así hizo que mi

confianza aprendiera a andar. Gracias a mi madre, porque los fracasos pesaban menos con ella

protegiéndome y enseñándome a tenerles menos miedo. A vosotros os dedico esto. También

es vuestro trabajo.

Una línea os define poco y pobremente, y aún me quedan muchas personas en el tintero,

pero… gracias a todos por acompañarme en esta aventura.

By endurance, we overcome

(Sir E.H. Shackleton)


Y así es como fue todo.

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A mi padre, por su fe en mí.

A mi madre por dejarse la piel



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viernes, 10 de febrero de 2012

El fin de lo-que-no-debe-ser-nombrado

—Nos vemos en el futuro Marty.
—En el pasado.
—¡Exacto!

(Regreso al futuro III)

Crónica del mes de septiembre:

28 de agosto: vuelta del Algarve (efectivamente, hay vida aparte de las toallas). Desconexión nivel: llevar ejemplar de tesis para la caza de erratas -que no ratas- en la playa.

1 de septiembre: desbordan las correcciones y erratas de última hora, mezcladas con arena de playa. Nivel de estrés: despegando.

5 de septiembre: pánico al descubrir píxeles en las imágenes del documento PDF -manejado a estas alturas como si fuera plutonio enriquecido altamente inestable-. De repente sabes qué es un bit, qué es ppp (y empiezas a hablar de subir a 300 pepepés), qué diferencia hay entre los tipos de archivos*... todo ello, gracias a la muy siempre agradecida enciclopedia humana que puede llegar a ser Twitter.

*conocimiento que se pierde como lágrimas en la lluvia.

6 de septiembre: Tesis en imprenta. De repente, afloran sibilinamente más erratas. Terror. Pánico. Desolación. Barajando hacer un Curro. Pero de los de no volver nunca jamás. Este mes está siendo todo él un síndrome premenstrual. Un despropósito. Obligada salvada de hacer un Curro por J, familia, amigos y de nuevo, las personas simpáticas y experimentadas que hay en Twitter (sorprendentemente, detrás de la pantalla hay personas).

7 de septiembre: Impresión fallida: páginas en blanco y negro en vez de a color. Mandar repetir -esta vez, una versión sin la flagrante errata de la contraportada-. Nivel de estrés --> velocidad crucero. Mi vida me parece un erial. Recapacito. ESA parte de mi vida. Sospecho que voy a quedar seriamente damnificada de la experiencia.

11 de septiembre: Orgullosísima -qué digo, eufórica, exageradamente eufórica*-, me está quedando una pedazo de presentación un poco larga, pero sin problema conseguiré pasar 70 diapositivas en 40 minutos. Bueno, a lo mejor 50. Igual si no respiro lo consigo. Me pienso una crack.

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13 de septiembre: El Hundimiento. Es un pedazo de tostón de presentación. Cuasi-broncas de la jefa. Estimación del tiempo: absolutamente fallida (70 minutos y morada). Recortar, recortar... -parecía un presagio de los tiempos venideros-.

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14 de septiembre: copias perfectas. Admirando el libro. Viendo el final. Nivel de estrés: bajando levemente. Me gustan las copias que veo y sopeso con las manos. Me siento MUY bien.

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19 al 26 de septiembre: un ensayo a las mañanas, otro a las tardes. Entro en zen por aburrimiento de oírme a mí misma. Empiezo a comprender por qué no hay que ensayar en exceso.

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27 de septiembre: Lo llaman -muy acertadamente- defensa. Antes de la defensa, en un hecho sin precedentes, mi director tiene unas palabras sobre mí. Yo, gorda como una boya, pero lamentablemente, como soy sorda -no como una boya- no me he podido enterar de mucho. Después, me informan que eran cosas muy bonitas. Lamento no haberlo podido escuchar para recordarlo.
En el tribunal, hay poli bueno y poli malo. Y gente de relleno. Sorteo los tics, esquivo el balanceo, miro en abanico, señalo con el puntero, respiro, bebo agua, todo ello en una compleja coreografía-ritual. Y por fin termina todo.

Y me da igual todo. Estoy llena de paz. Contesto las preguntas, capeo las otras...

Mi mantra es "ya está todo el pescado vendido" -podía ser una frase más elegante, pero tiendo a ser castiza y a reflejarme mejor en un mantra con sabor de pueblo-.

(Continuará)

miércoles, 8 de febrero de 2012

Habla, que escucho

Ustedes representan lo que más desprecio de todo: Lo inexplicable.

(El rostro (1958))


Dijo Gandhi que el progreso de una civilización, se mide por la forma en que tratan a sus animales. Voy más allá. Se mide por la forma en que tratan a sus minusválidos.
(He vuelto. Para quedarme.)
La vida de los sordos está generalmente salpicada de anécdotas curiosas, graciosas cuando menos, a veces exasperantes y menos veces aún, entristecedoras. Claro que esto último depende en gran medida del grado de interacción que tengas con oyentes. Con los "otros" -sí, en mi cabeza sois "los otros" para qué negarlo-.
(Tengo una nueva vida. De doctora.)
A medida que pasa el tiempo, cada vez son más los días que te notas "torpe". Que interaccionas durante cada vez más minutos de vacío comunicacional escuchando el "otro" lenguaje. Mimetizando emociones. No sonreír justo cuando estén hablando de un funeral es un ejercicio de observación que generalmente sale bien.

Generalmente sale bien.

Luego están las pequeñas rutinas que se van incorporando. Ahora salgo de todas TODAS las tiendas y supermercados a cámara lenta...

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Fijándome mucho en la gente...

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En la gente está la clave, en serio.

No me miran, luego sigo andando. Muy despacio, para que les dé tiempo a alcanzarme en caso de que suene la alarma...



Pues sí, eso también lo he pensado.

-¡¡ALTO!! ¡QUIETA AHÍ! ¡AHORA, MUY DESPACIO, GÍRESE Y DEPOSITE LA BOLSA CON CUIDADO EN EL SUELO! ¡¡¡EH!!! ¡¡¡EH-TÚ!!!! ¡¡¡EEEEEEHHH!!!

Evidentemente, noto una falta de realismo en la ficción que nos venden. Y la ficción educa más de lo que uno cree. Y mucho más de lo que los propios sordos queremos hacer. Esto es así, nos vemos superados por la ficción.
Y si no, la típica escena de película de terror... crujidos, psicofonías... nunca se verá al protagonista comiendo tranquilamente palomitas mientras se acercan por detrás con una sinfonía de ruidos que ya quisieran los poligoneros de fiesta. Y si esto es así, es que es un secundario gilipollas. De estos que cuando muere, todos pensamos... "Bien empleado está. Por gilipollas".
¿Y si fuera sordo? --> anda deja eso, que me rompes la línea argumental.
Pues como el otro día. Era uno de mis días torpes, me fui a tomar un café con mis amigas "las otras", y justamente ese día estaba la camarera que me odia secretamente.
¿Que cómo sé que me odia secretamente? Pues es un superpoder. Lo de saberlo, no lo de que me odie. Normalmente pido "té rojo" y la conjunción de esas palabras pronunciada por mí debe ser como si lo hubiera dicho en pársel, y hablando para el cuello de mi camisa. Ambas pueden ser ciertas, no lo sé.
(Inexplicablemente estaba muy tranquila, y se me había olvidado que tenía un blog)
Obviamente lo repito las veces que haga falta, ella es una persona limitada y yo soy muy paciente con las minusvalías de los demás. Y ese día, porque me apetecía y para ayudarla (o las dos cosas juntas) pedí zumo de naranja. Me miró como si hubiese pedido zumo de la sangre de recién nacidos. Una cosa muy rara. Vi que lo hacía natural, y yo suponía que la opción por defecto es siempre un zumo de bote. Desistí de decirle nada. Igual me mordía un ojo.
(Y entonces, me empezaron a pasar "cosas")
Volví a la mesa, con mis "otras" y me concentré y metí en un frasco -enfrascar es la palabra que mejor define lo que me pasa. Y al vacío- para seguir su conversación. Mis "otras" giran la cabeza con expresión de susto. Yo también miro, claro... por si acaso.

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-¡¡¡EL ZUMO!!! POM-POM-POM-POM (aporreos en la barra) ¡¡¡EL ZUMOOOOOOOO!!!

Si me llamó gilipollas, no lo sé, la verdad.
¿Qué pasó después? Que cogí mi zumo sin decirle nada. ¿Que tenía que haberle dicho algo? No. No me molesto en hacer entender NADA. Explico las cosas a la gente que me importa y a la gente que creo que no es deficiente mental. Y la verdad que no cumplía ambos requisitos.
¿Me importaba? Bueno, que todo el bar me mirara me importa cada vez menos -los fóbicos sociales nos reinsertamos de esta manera. A hostias-, pero sí, con el tiempo va escociendo.
Como las tortas que te dan en mojado. Primero calor, y luego un escozor increíble. Y luego pena, con mezcla de autocompasión. Que crece cuando seguido, vas al supermercado, y la cajera te enseña amablemente a contar pues faltan cinco euros por poner -eso sí, haciendo el asunto público, que da muchísima más emoción-. En este punto, desearías que el billete de mierda de cinco euros que lanzas fuera como un cuchillo.
Pero ella no tiene la culpa. Tampoco la otra, si nos ponemos. Es el precio de ser invisibles.
Y cada día un poco más.
Y sales del supermercado andando MUY despacio.



(Y así es como sin decir adiós, os digo siempre "hola". Habla, que escucho.)