miércoles, 4 de abril de 2012

Carta a mi yo de 8 años


Es una pena que se tarde tanto en crecer, porque seguro que cuando sea mayor me olvidaré de todo lo que me han hecho y no me acordaré de vengarme.

Cosas que nunca te dije
Inspirado aquí.

Querida -esto no es una formalidad- Biónica de los 8 años:

Te han puesto unos audífonos. Ya, son enormes, de color carne como unas bragas de abuela, sí. Y lo peor de todo es que no conoces a nadie que los tenga.
No te preocupes por eso. Ya has asumido que estarás sola, será tarde cuando conozcas a otros sordos y aún así seguirás estando en el medio. Aunque pueda ser frustrante, aprenderás que estar en el medio puede ser divertido.

No es divertido sin embargo quedar marcado ante el resto de la gente, es cierto. Convengo contigo en ello. Te costará, y lo pasarás mal, pero... ese va a ser tu trabajo para madurar. No hagas caso cuando se rían de tu voz. No es realmente importante. Lo importante es tener algo que decir con esa voz. Deja de luchar contra la S, si a mis 30 años no hemos conseguido nada, perdemos el tiempo.

No tengas miedo de la gente. Te diría que te dejaras de fusionar con las paredes, pero entiendo que de alguna manera quieres mitigar el dolor de las bromas, y evitarlas para que no duelan más. Deja que te conozcan. No eres como ellos, igual que ellos no son iguales entre sí. No te agarres el pelo cuando hace viento, agárrate la falda, que se vuela. No ocultes tus audífonos. No ocultes tu sordera. Intenta construir tu orgullo. No tienes que pedir disculpas por ser como eres. Sé que esto es muy difícil, el esfuerzo será arduo. Uno no se pone coleta de la noche a la mañana y se siente con fuerzas para sentir la mirada de la gente. Es cierto. Pero lo vas a tener que hacer algún día.

¿Quieres que te cuente un secreto? Aprende a darle la vuelta a todo. Empieza por desafiar la gente para desafiarte a ti misma. Ríete más, quién te dijo que era mejor estar seria para que no se rieran de ti. Todo lo contrario.

Abandona esa idea de que a lo mejor eres retrasada. Retrasada está la educación que no saben muy bien qué hacer contigo. Ya sé que has visto mucho pasillo de las veces que te han pillado copiando, y que Paquita dice que las matemáticas no se te dan bien. No les hagas caso. Desafíales.

Y tranquilízate, no eres adoptada, a pesar que te resulte muy sospechoso caerles bien a todos los gitanos del colegio. Para ellos eres bonita aunque esto a ti no te importe nada porque lo que te preocupa de verdad es ser retrasada, no vayas encogida, no vas a crecer tanto, todos esos enanos llegarán a ser aún más altos que tú. Qué se le va a hacer, en esta familia con lo de crecer somos ansiosos.

Claro que alguien que no sea de tu familia te llegará a querer, tonta. Te llegarán a querer (y mucho) unas cuantas veces, mal o bien ya lo irás descubriendo. Aprenderás algo con cada uno de ellos. Tropezarás y desearás que no hubiera pasado, pero... no veas fallos, ve lecciones.

No pasa nada cuando cierras los ojos para dormir. El mundo duerme contigo. Sé que este es un aspecto que todavía tendremos que trabajar en la edad adulta, pero... no tengas miedo cuando te meten en la cama para dormir. No te agobies, ellos no se van. Todavía necesitarás dormir acompañada unos años más. Tranquilízate, no te vas a quedar sola como la vez que fuiste a buscar a mamá en pijama y zapatillas calle abajo.

No te preocupes por el dinero. Como viene se va y papá y mamá podrán con el gasto de los audífonos, despreocúpate por eso.

Desayuna, sé que el miedo te hace el estómago pequeñito, pero desayuna, que mamá está preocupada -y a todo esto, cómo se te ocurre pedir huevo cocido para desayunar porque no sabe a nada...-. No dejes que el miedo te haga salir de clase todos los días para tirar el desayuno.
Eso que tienes es miedo y lo sabes.

Y no hay nada que temer.

Te lo prometo.


Un abrazo de tu yo de los 30 años.


PD: De la niñez se sale y tiene cura. Pero por el dios en el que no creerás, intenta que sea un poco más feliz. Y el resto, ya te lo iré contando.

PD2: Quiérete. Mucho. Más. Yo lo hago.

lunes, 2 de abril de 2012

El bionicoche fantástico

Es la sensación de contacto... en cualquier ciudad por la que camines, ¿comprendes?, pasas muy cerca de la gente y esta tropieza contigo. En Los Angeles nadie te toca. Estamos siempre tras este metal y cristal y añoramos tanto ese contacto que chocamos contra otros sólo para poder sentir algo.

Crash

Pensado hace tiempo. Inspirado finalmente por este post.

Tengo un Ford Fiesta 1.4 TDI de 68 CV de ocho años (si soy capaz de clasificar taxonómicamente un ser vivo -mentira-, mi coche no puede ser menos). Es de segunda mano, y pone que tiene 70000 km. Digo pone, porque según mi mecánico, los tiene, pero en cada rueda*.

*Esto fue un pequeño problema, que entraría en la categoría de "Bionicada familiar", pero hoy no hemos venido a meternos con mi familia. Ni con mi coche.

En 20000 kilómetros que hemos hecho juntos, me ha hecho comprender que somos almas gemelas. Esta reflexión es un poco chocante, pero voy a explicar mi particular visión de los coches. Allá por los 80, los coches se cuidaban. Recuerdo a mi padre cambiando los filtros del R6 -un gran coche-, y yo metiendo la cabeza para mirar las tripas del coche. Un universo infinito de porqués que se abría ante una niña de ocho años.


Cuenta una la leyenda de la familia Biónica que llegó a transportar a la vez a mi padre, mi madre, mis tres hermanos, un primo y mi tía embarazada hasta Galicia a 80 km/h*.

*Yo como siempre, me lo perdía todo.

Cuando finalmente decidimos sacrificarlo llevarlo al cementerio de coches desguace, sentía una ola de pena infinita. Un coche que te llevaba y traía sin protestar, sin dar ningún problema, ¿¿¿por qué ese final???

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Siempre he sido muy sentida. Pero, un flamante súper coche del año 1982 -de segunda mano- venía a reemplazar su lugar: ¡tenía elevalunas eléctricos!. Con ese coche recuerdo dar el coñazo todo el día para que me dejaran ir en el asiento delantero y poder concederme un lujo.

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Los años pasan y los coches también. Sigo conservando mi apego a los coches, a pesar de que parezca que se me ha olvidado tomar otra vez la medicación. Incluso le hablo a mi coche, aunque esto no tendría que parecer raro si ya he contado que me disculpo mentalmente con los gorriones por asustarles y hacerles levantar el vuelo...
...
...
Esto...
¿No lo había contado, verdad?
Me suelo defender -para que no me encierren todavía- invocando a la buena consideración que se tiene a los japoneses. Concretamente al sintoísmo, y su creencia de que todas las cosas tienen un espíritu, incluidos los objetos inanimados.
...
Lo sé, también están fatal de lo suyo.

Y creo que ya he escrito lo suficiente para demostrar que 13000 tweets en Twitter no han hecho mella en mi inexistente capacidad sintética, así que paso al motivo central del post.
¿Qué dice mi coche de mi persona?
No, espera, esto está mal planteado...
¿Qué vocifera mi coche de mi persona?
Pues eso, que soy sorda. Es el único coche del mundo que puedo decir que conduzco de oído sin tener que mirar el cuadro de mandos. Llega a 3000 rpm, y me lo hace saber -estruendosamente para mis pobres pasajeros, con modo vibración para mí- y yo procedo a subir de marcha o a reducir. Como muchos sordos, traigo el coche muy revolucionado, lo que implica que cuando quiero escuchar música... alguno igual se quiere bajar en marcha. Como no soy una sibarita del sonido, el high fidelity igual es más bien low fidelity.
Es un horno en verano, un frigorífico en invierno, me hace quedar mal cuando me ofrezco a llevar equipajes voluminosos -cuando no entran las cosas siento su "TE-LO-DIJE"-, una vez un trailer le arrancó el espejo retrovisor y aplastó su rueda derecha, otra vez en un día lluvioso-lluvioso (nótese la reiteración) decidió morirse de mentira en pleno carril de adelantamiento para añadir algo de adrenalina a nuestra relación y sobre todo para ponerme después en evidencia ante J comportándose correctamente.

Estoy encantada.

Ah, y no es un coche-autobús, ni un coche concesionario -gracias a un volante pelado, que aún no entiendo cómo no nos despertó sospechas-, no es un coche Diógenes -soy consciente de que es un agujero negro, algunas cosas no han retornado ni lo harán atraídas irresistiblemente por su fuerza- no es un coche quirófano -todavía me gusta que la gente se sienta razonablemente cómoda en mi coche. Dentro de lo que cabe, claro- ni tampoco es un coche parque-infantil, ni "mono" -sólo tengo tres pegatinas, y no, no llevo las de flores. No veo necesaria tanta información-.

Es un coche-guía.