sábado, 28 de julio de 2012

¿Quieres un TOC? ¿Un qué? Un TOC. Sí, gracias.

Interesante, te dan miedo los insectos grandes y las mujeres... Una mariquita debe dejarte catatónico.
The Big Bang Theory

Pequeñas personas que leéis este blog: somos muchos y estoy empeñada en descubrirlo al mundo, para que nos vean en nuestro esplendor.
¿Habéis vuelto a comprobar que la puerta estaba efectivamente cerrada con llave?
¿Por la noche, en el calorcito de la cama, os asalta la duda de si la puerta de la nevera está cerrada?
¿Y la puerta de la calle?
¿Mejor dejar la llave puesta, o no dejarla puesta?
¿Qué veis más probable, un incendio o un robo?

Si habéis contestado "sí" al menos a dos preguntas, no sigáis leyendo...

Últimamente me estoy dando cuenta de que el laboratorio es un centro social de reinserción de compulsivos anónimos. Hacemos como que no lo sabemos, seguimos investigando, pero... si se escarba un poco, se encuentran sujetos dignos de estudio.
Está aquel que sale a las diez de la noche del laboratorio, corretea por los pasillos -a tres minutos para coger el último autobús, en un campus en Laponia-, se para en seco, da media vuelta y vuelve... se sitúa ante la puerta del laboratorio, agarra el pomo y realiza tres movimientos rápidos de comprobación*.
*girar enérgicamente el pomo hasta casi sacar la puerta de la jamba, para comprobar que EFECTIVAMENTE está cerrada.
Y si decide vencer la compulsión y marcharse sin hacerlo, su mente le acosa con fantásticas imágenes de bandas de albanokosovares robando equipamiento (soviético) del laboratorio... y todo el mundo señalándole como EL ÚLTIMO.

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El que va a cerrar el laboratorio, comprueba tres veces que el gas está cortado, los ordenadores apagados, la luz apagada. Cierra la puerta, vuelve a abrir, mira hacia el interior con los ojos bien abiertos... escanea con la mirada... cierra... vuelve a abrir, pasa el escáner a lo Terminator con los ojos aún más abiertos...

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...hasta que decide salir del bucle.
Si éste decide luchar contra su compulsión y largarse rápido, sin mirar atrás, por su cabeza desfilan imágenes en Dolby Surround del laboratorio explotando tras el ¡clic! del interruptor... cortocircuitos generados en la noche que desembocan en llamaradas, casi siente el calor... y todo el mundo señalándole como EL ÚLTIMO.

El que se tiene que quedar en el campus de Laponia, luchando contra un experimento, ve cómo se van apagando las luces de todos los pasillos... mira hacia las ventanas, aquello parece un fundido a negro... y decide encerrarse con llave en el laboratorio.
Cuando se rebela y deja la puerta abierta, se imagina bandas de albanokosovares o Eduardo Noriega o todos a la vez irrumpiendo en el laboratorio. El drama es que cuando se cierra, se emparanoia pensando que cuando necesite salir por un incendio, la puerta le retrasará, y se quemará y le hará mucha pupa.

Un dilema.

Luego, están los compulsivos técnicos: aquellos que creen que si cambian de modelo de tubo ya no saldrán los experimentos de PCR iguales, los que piensan que una pequeña perturbación de un nanogramo de diferencia en la receta final causa el desastre, los que hacen rituales con los aparatos porque creen que así funcionan bien-esto implica invocación-motivación-, los que piden-ruegan-exigen encarecidamente que el libro común se escriba en tinta azul porque si no, perturba.

No todos los que están en un laboratorio son Compulsivos Anónimos. Lo que hace que las condiciones de trabajo sean interesantes -tan interesantes como una búsqueda encarnizada de un Lebensraum particular-.

Es maravilloso.

Son reuniones secretas de Compulsivos Anónimos. Están entre nosotros, se hacen pasar por gente normal.
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¿Seguro que os habéis dejado la nevera bien cerrada?

PD: En algunos sitios, he leído que le llaman Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC). Bah, ¡calumnias!