domingo, 3 de febrero de 2013

Semana 5, quinto placer

El mundo es grande... será domingo en algún sitio. 
Dick Tracy

Tres placeres por el precio de uno. Que me los quitan de las manos.

1. Las recetas de pan me inspiran respeto; por si no lo había dicho ya en el blog, mi madre es gallega, y siempre he contemplado el ritual de la empanada como una más del top ten de cosas muy de posguerra que nunca lograrás hacer. Para hacer la empanada, hay que levantarse temprano, y para mí, todas las recetas que incluyan levantarse temprano tienen un plus de dificultad. Además, cuando subía la masa en el levado -la fermentación-, no sé por qué, me parecía que había que estar callado. Quizás porque cuando era pequeña, quería fisgar en la cazuela tapada con el trapo y mi madre siempre me decía:

-No destapes, que si no, se enfada y no sube.

Y la empanada de mi madre es de las cosas que espero aprender a hacer algún día, aunque sé que no conseguiré esa maestría que sólo tienen las madres -gallegas-.

Por eso, cuando vi esta receta de pan para tostadas en Cook Actually -este es mi blog de referencia en recetas de cocina, recomendado si como yo, te gustan las recetas accesibles y bien explicadas- me pareció que podría ser una buena primera toma de contacto.

Amigos, huele a cielo. El placer del olor del pan hecho en casa. Anima un domingo a cualquiera y si no lo hace, estás muerto por dentro. De verdad, tenéis que probarlo, y de paso dar gracias a Inés. Del sabor ya os hablaré si tenéis curiosidad, pero promete...

2. Pasar toda la mañana sin audífonos y en silencio como señal de respeto al pan. Es broma, pero sí, cada vez me gustan más las mañanas sin audífonos. Es un lujo que aprecio cada vez más, y siempre que tengo episodios de tinnitus -anoche el último... una especie de motor zumbando all the time-. Me concentra y me relaja a la vez. Parece antagónico, pero en silencio coexisten. Y pico verduras -algo que odio a muerte- en modo muy zen, lo cual siempre es muy ventajoso.

3. Vivo cerca de la costa, pero tendréis que creerme si os digo que nunca había pisado la playa en invierno -ni casi en verano, por otra parte-. No me gustan demasiado ni el sol ni la arena. Después de hacer el pan y cocinar, decidí que sería bueno imitar esos paseos de meditar de las películas yanquis. Esos que cuando los protas tienen un problema, no importa que vivan en el centro de los EE.UU, que tienen una playa para pensar a mano. En Estados Unidos todo parece posible.
Aunque no tenía el problema para pensar, cogí el coche y la cámara -con poca intención de sacar fotos pero como móvil por si tenía que dar explicaciones a algún conocido- y ahí me planté.

Ha sido un paseo genial. Tan genial que creo que he ido todo el rato con media sonrisa agilipollada. Las playas en invierno tienen ese no se qué que invita a la introspección y sorprende lo diferente que se vuelve tan vacía e invernal -haceos cargo que en el norte en cuanto salen dos días de sol, nos agarrapiñamos todos en la costa que ríete tú de Benidorm-. Estos paseos son para hacerlos solo o en compañía de alguien con el que disfrutar de un cómodo silencio.

Estoy segura de que repetiré. Y espero que la próxima vez, con zirimiri



Y todo esto, en domingo, mi día más odiado de la semana. Te has portado.

8 comentarios:

J. Lozano dijo...

Cada vez tengo más claro que la felicidad está en los pequeña momentos sencillos, porque no hay nada que pueda contaminarlos. Por eso me gusta vivir donde lo hago, coger los huevos de mis gallinas, salir sólo a hacer fotos y pasear a los perros.

Lo del pan, lo tengo pendiente.

:)

Bichejo dijo...

Me gusta mucho que estés retomando el blog.

molinos dijo...

Pasear por las playas del norte en invierno es uno de los placeres de la vida..menos mal que lo has descubierto.

Que sepas que desde el páramo de Mordor me das mucha envidia por eso...

MELI MARTIN dijo...

Ah!! yo descubri ese placer cuando me separe y estuve viviendo en el apartamento de veraneo de mis papis en la costa. Estaba a 2,40h de mi curro, pero al volver cogia a mi perrita y me la llevaba a la playa..que goce!! todo en silencio, oir el mar, y andar..

ahora no tengo el mar cerca, pero me encanta ir solo a andar, pasear, no tostarme eh???
y lo del pan..no tiene precio!! mi abuela lo hacia, era de pueblo de toda la vida, en Madrid y su olor mmm que recuerdos...

disfrutalo!!!!

Martes dijo...

Pues todos te alaban la playa, pero yo me quedo con la empanada. Es algo que hecho de menos a muerte aquí en el exilio. Lo que yo diera por aprender a hacerla... creo que además te la piden para obtener el carné de madre.

el chico de la consuelo dijo...

Tu no sabes la resaca de mar
que tenemos
los de tierra adentro...
Yo ya estoy
contando dias hacia atras
para pisar la arena...


PS-. y esos paseos lo mejor
son solitarios.

ecdlc el primo de loqueleo

Biónica dijo...

Cuervi, cómo lo sabes... precisamente ahora que ya estoy repuesta de la gastroenteritis estoy pensando en otro paseíto... y lo del pan... pruébalo, te va a molar.

Bichejo, me he prometido que por lo menos hasta medio año no voy a comentar lo que me gusta retomarlo así xD ya se sabe, días de mucho, vísperas de nada...

Moli, y cuánto he tardado! Lo que pasa que miedo me da ser intensa con esto xD, que soy de las que da al repeat 18 veces cuando me gusta una canción!

Meli, se disfrutará ;-)

Martes, has dado en el clavo xD, la piden para el carne de madre xD. Prueba si puedes la receta, es muy sencilla ;-)

Hola chico de Consu :-D, gracias por venir! Y que bonito modo de expresarlo! :-DDD

visitante4576 dijo...

Empecé a llevar gafas a los 8 años, pero aún veia "bien" sin ellas.
Y me encantaban los fines de semana, que me levantaba y no me las ponía y me sentía libre, cómoda, parecida a tu sensación de los audífonos.
Ahora ya no es lo mismo. Y lo echo mucho de menos.