jueves, 31 de enero de 2013

Futuro ¿próximo?

Cállate, tápate los oidos fuerte, fuerte, fuerte, muy fuerte ¿Oyes lo mucho que te quiero?
Quiéreme si te atreves

Estoy acostumbrada a que cada cierto tiempo, alguna persona de mi entorno más o menos cercano, cargada de sus mejores intenciones me cuente que hay una operación que haría que volviera a oír. Y no me puedo enfadar, ¿qué clase de persona sería si me enfadara con alguien que sólo desea lo mejor para mí?
Y sin embargo, duele. Un poquito sólo.
No me quejo, realmente tengo que ser apreciada para que quieran lo mejor para mí. Y sin embargo, no puedo evitar levantar un muro y congelarme un poco.

Sé que lo que voy a decir es incomprensible para la mayoría. Pero tampoco espero que lo comprendan.
En primer lugar, aunque es perfectamente posible, me resulta molesta la presunción de mi ignorancia sobre los medios que hay. Eso refleja la idea de que si hay una operación para dejar de ser sordo, parece inconcebible que alguien "tan normal" siga siendo sordo.
Aparte de ser una inexactitud, porque hasta el día de hoy -que yo sepa, claro- no existe, como me dijeron por mediación de otra persona querida, "una operación que le devolvería* el oído, y no tendría que llevar nada de nada, no se ve nada". Aquí, la única alternativa parecida a eso, sería la investigación con células madre. Y estoy bastante al día en lo que a adelantos científicos en materia de células madre y recuperación sensorial se refiere, así que me resultaría extraño que se me haya escapado algo así.

*¿qué hay que devolver si nada ha sido robado?

¿Qué es lo que queda? El implante coclear. A grandes rasgos, una opción para seguir llevando audífono, que conlleva una operación -con sus consiguientes riesgos, como parálisis facial- y sobre todo, la destrucción del resto auditivo (células auditivas) sano que cumple aún su función. Algo irreversible.
A mí me dan ganas de llorar imaginándomelo. Porque sé que no es tan sencillo como parece. Porque lo que tengo es mío y me sirve con bastante eficiencia. Y lo quiero. Porque no creo que haya tecnología que lo iguale. Porque no hay marcha atrás.

Inevitablemente pienso todas esas cosas mientras escucho -leo- esa frase. A veces de mis labios sale una réplica débil, -¿qué pasa? ¿es que no te gusto así...?

No me siento querida así. Es una tontería y una total inexactitud racionalmente, pero mi parte emocional se siente dolida escuchando eso. Y me nublo pensando que siempre yo, siempre yo, siempre yo tengo que poner algo en esta timba de adaptación social y que ¿por qué no puedes ayudarme? ¿por qué no te adaptas tú? ¿por qué?.

Porque para mí, ser sorda, es un pilar de mi personalidad. Siento que todas las capas de mi personalidad -con sus cosas buenas y sus cosas malas- se han tejido alrededor de esa circunstancia. No sólo eso: mis relaciones personales aceptan la circunstancia, de forma que jamás me siento como si me hubieran pedido que fuera de otra manera. Y creo que si me quitan eso, sería como no saber quién soy.
No estoy diciendo con ello, que rechazo el implante coclear. Si me apagara y no hubiera otra opción mejor, me imagino que tendría que considerarlo. La otra opción - las células madre- aunque futurible, es irreal por el momento. Sin embargo, a pesar de que de todos los posibles finales, el último citado, sería el final "feliz", por así decirlo... me lo imagino como un cataclismo de identidad.

¿Quién sería entonces?
¿Estoy orgullosa de ser sorda, o de cómo he adaptado la vida para sobrellevar esa circunstancia?

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domingo, 27 de enero de 2013

Semana 4, cuarto placer

These boots are made for walking, and that's just what they'll do, one of these days these boots are gonna walk all over you. 
These boots are made for  walking -Megadeth-

(A riesgo de parecer un post de street style, ojocuidao, llega un frivolismo...)

Quienes me conocen, saben la absurda pasión que tengo por el calzado. De hecho, familiarmente tengo como sobrenombre el de una famosa coleccionista de zapatos con la que comparto algo más que tener muchos zapatos. Desde pequeña me flipa comprar zapatos -entonces sólo tenía dos pares, los de diario y los de fines de semana, como en la posguerra-.

A los zapatos poco les importa que hayas engordado o adelgazado, pero, dada su situación estratégica, junto con el pelo, suelen ser blanco de la mirada. Id esmerándoos si no sabíais esto. 

Más allá de tener varias clases de calzado, hay un tipo que me encanta por encima de todos y es el que comparte más kilómetros de mi vida diaria. Ya sabéis, tener mil pares para llevar sólo dos.
Las botas de diario, me suelen durar la vida, las llevo gran parte del año -es lo que tiene la climatología del norte-, me las pongo con los ojos cerrados sin pensar en combinaciones y en suma... son las botas que van cogiendo mi identidad. Las botas de diario son la reminiscencia de cuando mi madre me compraba un par de zapatos para fiestas de guardar, y los de entonces, pasaban a ser zapatos de diario.

Pero no es tarea fácil* encontrar un reemplazo, así que cuando lo encuentro -como las marrones recién llegadas de la foto- creo que es como se tiene que sentir un viejo rockero cuando puede jubilar las botas gastadas a gusto. 
Felicidad.
Materialista.

Aquí las botas de diario, al fondo, y las botas de guardar, delante. 

*era buscar un tesoro en una isla desierta hasta que llegó Amancio y nos llenó de botas con tachuelas para absurdas que compran una camiseta de Ramones mientras suena Bisbal de politono.

viernes, 25 de enero de 2013

Semana 4, fotografía cuarta

Se ve sólo con el corazón, lo esencial es invisible para los ojos.
 

Antoine de Saint-Exupéry
Otro reto más para la saca. Hace algo más de un año J. me regaló una cámara que está por encima de mis posibilidades y me gustaría mejorar un poco más rápidamente que con los cuatro ratos que la saco. No estoy tan loca como para hacer el "A photo a day", además de que soy el tipo de fotera estúpida que le da palo, miedo, vergüenza, reparo sacar la cámara de casa también soy de naturaleza inconstante. Por eso, inauguro el reto "52 semanas, 52 fotos", que espero que me libere un poco del estrés que supondría sacar una foto todos los días sin defraudarme a mí misma porque no soy capaz de cumplir objetivos personales.
 
Pero para no aburrirme del reto, me he propuesto que las fotos que ponga, no serán sólo de la súpermegacámara, sino también de la súpermegachachilaostiacámara del laboratorio. Ésas serán fundamentalmente fotos científicas , sacadas tanto con un microscopio estereoscópico (lupa, para profanos) como microscopio óptico (microscopio tal como lo imagináis, profanos míos). Os presento la Nikon DS-Fi2:


El objeto es una colonia vieja de Candida creciendo sobre un medio de cultivo (su alimento). Una colonia, según el sentido biológico es una agrupación de microorganismos originados por un microorganismo madre. Si el microorganismo madre (en este caso, una célula de levadura) es un ente microscópico, que no se puede ver con el ojo desnudo, la colonia, que básicamente son sus millones de descendientes, sería la manifestación macroscópica que podemos ver sin dificultad con el ojo desnudo. Para haceros una idea, la colonia de la foto tiene un tamaño de 1,5 cms -casi como una moneda de un céntimo de euro-. La lupa deja apreciar en detalle la colonia.

Así es como algo invisible para nuestros ojos se hace visible. Estáis viendo los millones de descendientes de una levadura que pasaba por aquí...

PD: Para las tres primeras semanas, como voy con retraso -qué raro- tiraré de archivo. Soy de ideas lentas.

domingo, 20 de enero de 2013

Semana 3, tercer placer

El hogar. Dicen que el hogar está donde tienes el corazón. 
La Liga de los Hombres Extraordinarios

Y yo digo que hogar es donde están la bata y las zapatillas de estar por casa. Ninguna de las dos cosas se llevan a un hotel ni de vacaciones -y sí, conozco gente que se lleva su almohada de vacaciones-. Encontrar la zapatilla perfecta, me llevó menos tiempo del esperado -son pantuflillas, con borreguito por dentro, y lo más importante, sin suela de goma para conservar la sensación de andar descalzo-. 

Sin embargo, la bata se me resistía, y aunque el mercado ofrece alternativas tan tentadoras como la batamanta, quería algo que no horripilase demasiado a J. Ni a mí misma de paso. Así que en los casi dos años que me emancipé de casapadres, andaba sin bata y perdida de la mano de dios -lo de dios es un decir-.

Es realmente complicado encontrar una bata mona y que cumpla su función. La oferta varía entre bromuro batas pelochas, de franela, con dibujos imposibles de osos amorosos, a saltos de cama de esparto, puntillas y guatiné. Así, entre un extremo y otro, sin anestesia ni nada.

Por eso, agradecí mucho que los Reyes me trajeran una bata. Los puristas dirán que es una chaqueta de lana gorda. A mí me da igual. Sólo sé, que por fin me siento en mi casa.

Y estoy mona.

viernes, 18 de enero de 2013

Semana 3, fotografía tercera

Hegoak ebaki banizkio,neria izango zen,ez zuen alde egingo.Baina honela,ez zen gehiago txoria izango,eta ni,txoria nuen maite.
Txoria txori (Mikel Laboa)
Montserrat.

Si le cortara las alas, sería mío, nunca se iría. Pero así, no sería nunca más pájaro, y yo, amaba al pájaro.


Fotografía de mi archivo. Y con esto, espero acabar de tirar de archivo.

Bonus track: una canción maravillosa, y una de mis favoritas. Grande, Mikel Laboa.


domingo, 13 de enero de 2013

Semana 2, segundo placer

-Entonces Pippi, ¿quién te dice que te vayas a la cama y todas esas cosas? - Pues yo misma -repuso Pippi- . La primera vez me lo digo amablemente; si no me hago caso, lo repito con más severidad, y si continúo sin obedecerme, me doy una buena paliza.  
 Pippi Calzaslargas. Astrid Lindgren

Leer una entrada de las que hacen recordar lo feliz que has sido leyendo. Rebuscar y encontrar el primer libro gordo que leíste solo. Constatar que lo leías millones de veces porque hay párrafos que se recuerdan sin dificultad.


Dice Martes que leer molaba más cuando eras pequeño. Yo creo que tiene razón. Aunque hay cosas que aún conservo, como la de leer hasta altísimas horas de la madrugada y que mi madre se despertara encamisonada y lívida como un espectro gritándome -esto creo que no ha sido así, pero el efecto sin audífonos era de alto impacto- ¿¿¿¿TODAVÍA LEYENDO???? ¡¡¡APAGA ESA LUZ!!!
Eso sí que es terror, chavales. Y esto hasta hace poco, viviendo en casapadres.

Pero hay cosas que quedan atrás. El día que leí el post recordé cómo metía los libros de leer dentro de los libros de texto para hacer como que estudiaba mientras me leía Los Hollister, Los Cinco, Siete secretos y un sinfín de libros más. Las luchas en la mesa para quitar el libro del medio y comer -y lo mala que he sido comiendo-.
Ir al baño y "encebollarme" -sic- como decía mi madre a la manera de abstraerme tanto tanto, que se  me olvidaba levantarme y se me quedaba el culo entumecido del frío.
Cómo intentaban controlarme lo que leía, como una suerte de censor, sin demasiado éxito porque mi avidez lectora no era de este mundo. Así me terminé leyendo el Apocalipsis con siete años.

Cómo es que se olvidan algunas cosas y al recordarlas de nuevo te invade el cariño. Eso me pasó recordando el "pacto" sin palabras que teníamos mi madre y yo. Yo iba al otorrino varias veces al año, a Bilbao -entonces era lo que se dice, "ir a la capital"- y a la salida, nos dirigíamos al Corte Inglés y me soltaban en la sección de libros. Elegía uno -a veces, en un arranque temerario eran dos-, iba donde mi madre "porfaporfaporfa", se resistía un poco -todo estaba muy meditado- y al final salíamos con el libro.
En aquel tiempo hacía una colección de libros llamados "El Club de las Canguro", era una colección enorme y llegué a tener casi todos. Visité muchas veces el otorrino.

Conseguir mi primer libro gordo fue tarea costosa. Recuerdo que era caro y me pasé tres catálogos del Círculo de Lectores "porfavorporfavorporfavor" dando por saco a mi madre. Cuando llegó, me lo comí literalmente. Y como dije más arriba, lo leía una y otra vez.
Pippi fue el primer personaje de ficción que idolatré. Admiraba y deseaba tener su fuerza.

Leer fue mi tabla de salvación y la llave de miles de mundos. Y encontrar la primera llave, otra vez, de nuevo, ha merecido mucho la pena...


Aunque sea pena nostálgica de que ya no leemos de la misma manera.
Otro día me explayo con el diario de lecturas desde que tengo el Kindle, y sobre cómo leo ahora que ya no es como antes.

viernes, 11 de enero de 2013

Semana 2, fotografía segunda

Si no puedes cambiar el pasado, al menos huele las flores.
 Doce monos

Ultzama.

Paseo por el bosque. Las últimas flores del otoño.

Foto de mi archivo

domingo, 6 de enero de 2013

Semana 1, primer placer

En un instante tenía mi propósito de Año Nuevo: aspirar a más.

(Alfie)

Ésta es una idea que robo, copio, tomo descaradamente del blog de Morti. La llevo leyendo todo el año pasado, me gusta mucho su estilo y sobre todo, me encanta la idea detrás del reto "52 semanas, 52 placeres".
Brevemente, si estáis demasiado vagos para pensar darle a los enlaces, se trata de que cada semana ponga algo que haya "salvado" por así decirlo, la semana. Como últimamente, mi naturaleza optimista se me estaba cayendo un poco a trozos -porque, por si no lo sabéis, no hay optimistas en el mundo, son todos pesimistas reinsertados-, no por ninguna circunstancia en especial, el año pasado comenté en el blog de Mortiziia para robarle, copiarle, tomar prestada su idea.

Y en estas estamos. Cuando digo que mi optimismo se me ha caído un poco por ninguna circunstancia, inevitablemente pienso que qué cabrona es la vida que nos hace ir desparejados como calcetines: en los momentos menos boyantes me salía un optimismo que me daban ganas de besarme a mí misma. En los mejores momentos que vivo y soy feliz parezco una vieja agorera temiendo por cuánto durará esto.

Así que el propósito es simple. Creo que a ser optimista se educa uno, y con suerte, yo me voy a poner a afianzar lo que una vez he aprendido.

Serán entradas cortas o largas. Según me parezca. Ya veis que llevo un montón de tiempo sin escribir, y en un sitio leí que lo que nunca se debe hacer es disculparse por no escribir. Suena hasta un poco borde, pero ¿qué contenido es cuando uno se pasa disculpándose la mitad de los posts? Pues eso.

Hace un tiempo pensé en dirigir un poco la temática del blog. Pero la verdad es que no me apetece. Yo no soy sólo sordera, no soy sólo ciencia, no soy sólo humor, no soy sólo intensismos... -creo que ya le he dado un repaso al blog-. Entonces ¿para qué escribir? Envidio -no demasiado- a los que tienen blogs muy orientados, la gente va a ese blog a leer con un propósito claro. Yo no puedo ofrecer eso. 
Lo que ofrezco son pedacitos de mí. A veces enseño, a veces hago chistes, a veces reflexiono, y a veces me pongo intensa. Un blog personal, pues.

Y aquí os dejo, publicado con fecha atrasada porque como siempre, voy con retraso, y porque... he tenido que pensar cuáles fueron. Allá va.

El hábito que más me gusta del mundo mundial. La mañana de Reyes tengo que comer chocolate con churros en casa de mis padres. Desde que me fui a vivir con J. es algo que he apreciado todavía más -ya sólo porque me tengo que levantar y desplazarme a su casa, cuando antes iba en pijama por el pasillo guiada por el olorcito rico-. De mis hermanos, sólo yo voy a comer el chocolate con churros.
Me gusta el chocolate con churros, pero no es lo que me mueve la mañana de Reyes. He sido la hermana pequeña con todo lo bueno que implica eso en Navidad, y aún de niña, por encima o al mismo nivel que los juguetes, estaba el chocolate con churros en casa. Después de la noche de insomnio, nerviosismo, mis hermanos y padres contestandome dudas de los Reyes, instándome a limpiar zapatos, a dejar un vaso de leche o una botella de champán... era el descanso. Tiene que ser exactamente esto, y exactamente en la cocina de casapadres charlando o en silencio con ellos. Y da igual que sean las 13h y mi madre piense que ya tan tarde no voy a ir.
Es el chocolate con churros más rico del mundo.

Gromfs... De repente, me acordé de sacarle foto.

viernes, 4 de enero de 2013

Semana 1, fotografía primera

"Das war ein Vorspiel nur, dort wo man Bücher verbrennt, verbrennt man am Ende auch Menschen." (Eso sólo fue un preludio, ahí en donde se queman libros, se terminan quemando también personas.)
 Heinrich Heine, 1817

Bebelplatz, Berlín -8 de junio de 2012-

En el centro de esta plaza, el día 10 de mayo de 1933 -116 años más tarde de la predicción reflexión de Heine- se llevó a cabo la quema de 40000 libros por miembros de las Juventudes Hitlerianas y estudiantes nacionalsocialistas. Quemaron las obras  publicadas de cientos de escritores, filósofos y librepensadores instigados por el Ministro de Propaganda Joseph Goebbels.
En el lugar se puede ver una biblioteca vacía bajo el suelo en memoria de la quema de libros.

Silencio sepulcral y los pelos de punta...

Fotografía de mi archivo.