Cállate, tápate los oidos fuerte, fuerte, fuerte, muy fuerte ¿Oyes lo mucho que te quiero?
Estoy acostumbrada a que cada cierto tiempo, alguna persona de mi entorno más o menos cercano, cargada de sus mejores intenciones me cuente que hay una operación que haría que volviera a oír. Y no me puedo enfadar, ¿qué clase de persona sería si me enfadara con alguien que sólo desea lo mejor para mí?Quiéreme si te atreves
Y sin embargo, duele. Un poquito sólo.
No me quejo, realmente tengo que ser apreciada para que quieran lo mejor para mí. Y sin embargo, no puedo evitar levantar un muro y congelarme un poco.
Sé que lo que voy a decir es incomprensible para la mayoría. Pero tampoco espero que lo comprendan.
En primer lugar, aunque es perfectamente posible, me resulta molesta la presunción de mi ignorancia sobre los medios que hay. Eso refleja la idea de que si hay una operación para dejar de ser sordo, parece inconcebible que alguien "tan normal" siga siendo sordo.
Aparte de ser una inexactitud, porque hasta el día de hoy -que yo sepa, claro- no existe, como me dijeron por mediación de otra persona querida, "una operación que le devolvería* el oído, y no tendría que llevar nada de nada, no se ve nada". Aquí, la única alternativa parecida a eso, sería la investigación con células madre. Y estoy bastante al día en lo que a adelantos científicos en materia de células madre y recuperación sensorial se refiere, así que me resultaría extraño que se me haya escapado algo así.
*¿qué hay que devolver si nada ha sido robado?
¿Qué es lo que queda? El implante coclear. A grandes rasgos, una opción para seguir llevando audífono, que conlleva una operación -con sus consiguientes riesgos, como parálisis facial- y sobre todo, la destrucción del resto auditivo (células auditivas) sano que cumple aún su función. Algo irreversible.
A mí me dan ganas de llorar imaginándomelo. Porque sé que no es tan sencillo como parece. Porque lo que tengo es mío y me sirve con bastante eficiencia. Y lo quiero. Porque no creo que haya tecnología que lo iguale. Porque no hay marcha atrás.
Inevitablemente pienso todas esas cosas mientras escucho -leo- esa frase. A veces de mis labios sale una réplica débil, -¿qué pasa? ¿es que no te gusto así...?
Porque para mí, ser sorda, es un pilar de mi personalidad. Siento que todas las capas de mi personalidad -con sus cosas buenas y sus cosas malas- se han tejido alrededor de esa circunstancia. No sólo eso: mis relaciones personales aceptan la circunstancia, de forma que jamás me siento como si me hubieran pedido que fuera de otra manera. Y creo que si me quitan eso, sería como no saber quién soy.
No estoy diciendo con ello, que rechazo el implante coclear. Si me apagara y no hubiera otra opción mejor, me imagino que tendría que considerarlo. La otra opción - las células madre- aunque futurible, es irreal por el momento. Sin embargo, a pesar de que de todos los posibles finales, el último citado, sería el final "feliz", por así decirlo... me lo imagino como un cataclismo de identidad.
¿Quién sería entonces?
¿Estoy orgullosa de ser sorda, o de cómo he adaptado la vida para sobrellevar esa circunstancia?
...........





