Sé que me voy a arrepentir de meterme en estos berenjenales, y la verdad, es que
aún no sé por qué lo hago. Supongo que es porque veo a la Comunidad Sorda
fagocitarse a sí misma como si yo estuviera en un corro en el extremo más opuesto y me saliera del corro a contároslo cual reportera de la Sexta a pie de sobre.
Es de esperar que la "cosa" se sobredimensione a lo largo de varios posts. Esto es, que me he leído un pedazo de artículo muy denso que
en medio me ha dado fiebre y no lo he terminado. Y básicamente, lo que voy a hacer es presentaros una parte de un artículo sobre "Estudios Sordos en el siglo XXI: ganancia sorda y futuro de la diversidad humana", en el que los autores,
H- Dirksen L. Bauman y
Joseph J. Murray hacen un análisis de la relevancia de los Estudios Sordos en la Cultura Sorda.
Antes que nada, aclaro que la exposición de este punto de vista no expresa necesariamente el mío. Más adelante, tengo pensado exponer el punto de vista "contrario". Los expongo porque generalmente son muy desconocidos para las personas oyentes. Y ya, si hay interés, expondré mi opinión.
Que quede claro que lo hago únicamente a título informativo y didáctico, habiendo lugar en los comentarios para debatir opiniones con respeto.
Todo el mundo conoce más o menos las palabras Cultura Sorda, Identidad Sorda e incluso Orgullo Sordo. Todo el mundo conoce el caso de la pareja de lesbianas que querían que su hijo fuera sordo. Con estas dos cosas será suficiente por ahora para empezar a leer. Ahora sólo os digo que abráis todo lo posible la mente -pero
sin que se caiga el cerebro- para leer esto. Hablo por experiencia lectora previa que sé que en ocasiones va a resultar complicado.
Una de las nociones principales es que las personas sordas no se definen por su ausencia de sentido auditivo sino por factores lingüísticos, culturales y maneras de ser y estar en el mundo. Para los no iniciados que se hayan percatado de la diferencia, a veces se escribe Sordo con mayúscula y otras veces sordo con minúscula. Con mayúscula designa a todas aquellas personas Sordas cuya primera lengua es la lengua de signos; con minúscula, describe a todas las personas que padecen discapacidad auditiva severa. Con mayúscula tiene un sentido cultural, y con minúscula un sentido médico.
Los Estudios Sordos constituyen un grado en EE.UU y en algunas ciudades de Europa. En 1970 empiezan a evolucionar a partir de unos pocos cursos con temática sorda, hasta que en 1980 se constituyen los programas de primer grado -algo así como una formación profesional- para, finalmente, a partir de 1994 alcanzar el grado universitario en Gallaudet, así como en la Universidad de Bristol.
-Variedad sorda de la raza humana-
Con el reconocimiento del pleno estatus lingüístico de las lenguas de signos, la visión de las personas sordas evoluciona de verse a sí mismas como un grupo unido a través de la discapacidad a reconocerse como una minoría lingüística. O lo que es lo mismo, la Identidad Sorda como colectivo empieza a trascender de la visión patológica a la visión cultural. Y es de esto último de lo que se ocupan los Estudios Sordos.
Según Davis (1995) y Lane (1992) un elemento definitorio de los Estudios Sordos que han evolucionado sobre la condición audiológica (principalmente desde la Educación y desde la Medicina) de la sordera, es que "critican las estructuras ideológicas dominantes que crean relaciones de poder desigual".
Sostienen que cuando la investigación en prácticas educativas o de rehabilitación médica que implican personas sordas no reconocen la presencia generalizada de poder, ellos a menudo graban construcciones muy ideológicas que son puestas en duda por los Estudios Sordos.
Un ejemplo de esto sería la ubicación de los estudios en Lengua de Signos y Estudios Sordos, dentro de Departamentos de Expresión, Lenguaje y Ciencias de la Audición; para ellos constituye una construcción patológica de las lenguas de signos y sus usuarios aportando una visión medicalizada que no ocurre con estudios sobre nativos americanos, etc...
Bauman y Murray dicen que aunque los lingüistas de las lenguas de signos han contribuido a una redefinición de la capacidad humana para el lenguaje, el campo de Estudios Sordos sigue enfrentándose a ideologías dominantes de normalidad que clasifican la esencia del sordo a construcciones médicas.
Como dato, entre 1998 y 2002 se produjo un incremento del 430% de matriculaciones en ASL (American Sign Language) de estudiantes oyentes. El ASL es la segunda lengua más enseñada en "community colleges" (creo que es un tipo a los ciclos de formación profesional, corregidme si me equivoco- y la cuarta lengua en universidades y ciclos de cuatro años. Este aumento de interés en la ASL, ha traído un consiguiente crecimiento de los Estudios Sordos.
Pero, si bien la popularidad del ASL y los Estudios Sordos ha aumentado entre los estudiantes oyentes, no es el mismo caso entre los niños sordos, entre los que existe un aumento generalizado de la educación en programas académicos no bilingües o biculturales.
Esto trae una paradoja cultural: se promueve el uso del ASL para individuos oyentes pero podría ser desalentado entre individuos sordos (Bauman, 2008). Con lo cual, nos enfrentamos con prácticas normalizadoras vs comunidades sordas.
-¿Por qué deberían seguir existiendo las personas sordas y sus lenguajes?-
La mayoría de la población debe o debería..... ser parte de la norma. La normalidad eran los sujetos oyentes y parlantes -me tomo la licencia de traducirlo así en vez de hablantes- mientras que las personas sordas y signantes son definidas como "fracasos orales".
Es entonces, cuando históricamente -junto con otros grupos sociales- se reconceptualizó a las personas sordas como una amenaza potencial para la nación, o como expresaba nuestro gran amigo A. Bell en 1883, el miedo a la infección de los individuos nacionales -sanos, que representan la nación- por "defectos hereditarios" o miedo de "una raza de sordomudos".
A Bell se le tiene mucho cariño en la comunidad sorda, por cierto.
Con lo cual, en las décadas finales del siglo XIX se asistió a un debate transatlántico entre científicos, educadores y legisladores sobre la pretendida amenaza de gente sorda casándose entre sí (Murray, 2002, Van Cleve & Crouch, 1989).
Les parecía Sodoma y Gomorra, está claro.
Los líderes Sordos de entonces, reconocían el valor de enseñar a hablar a los niños sordos pero mantenían que la normalidad subyacía en la plena ciudadanía y que ésta, sólo podía venir a través de la educación en lengua de signos. Además, se preguntaban por qué la gente sorda debería ser desalentada a casarse entre sí cuando precisamente los matrimonios sordo-sordo proporcionaban la mayor felicidad para la pareja.
En Finlandia -eran otros tiempos-, por ejemplo, prohibieron el matrimonio entre sordos durante medio sigo XX con provisión de esterilización después de que los derechos al matrimonio fueran concedidos. Similar caso sucedía entonces en Alemania en 1930. Y con la
eugenesia topamos. En una suerte de dar la vuelta a la situación eugenésica, a principios del siglo XX los sordos americanos mostraron imágenes de sí mismos y sus niños como saludables y en forma (Burch, 2002), adaptando así la imaginería eugenésica a su sordera.
Bauman y Murray concluyen que el cómo la sociedad ve a las personas sordas podría ser una alarma sobre cómo dirige la diferencia. Las personas sordas, con su aparato de profesionales pedagógicos y médicos se engloba como una minoría dentro de la sociedad.
Los autores ven que lección que se puede extraer de la historia sorda es que las personas sordas son como el canario en la mina de carbón de la ingeniería social.
Y aquí lo dejo -por ahora-.
Bibliografía:
-Bell AG. (1883). Memoir upon the formation of a deaf variety of the human race. Washington DC; Volta Bureau.
-Bauman HD and Murray J. (2010). Deaf Studies in the Twenty-First Century: "Deaf-Gain" and the Future of Human Diversity. In Nathan PE (ed.)
The Oxford Handbook of Deaf Studies, Language, and Education, Vol 2. págs: 210-225. Oxford University Press.
-Davis L. (1995). Enforcing normalcy: Deafness, disability and the body. London; Verso Press.
-Lane H. (1992). The mask of benevolence. Disabling the deaf community. New York; Alfred A. Knopf.
-Murray J. (2002). True love and sympathy: the deaf-deaf marriage in transatlantic perspective. In van Cleve JV (Ed.) Genetics, disability and deafness. págs: 42-71. Washington DC; Gallaudet University Press.
-Van Cleve JV and Crouch BA. (1989). A place of their own: creating the deaf community in America. Washington DC; Gallaudet University Press.
(Toma tocho y ni un triste dibujo...)